Fluye el río, caen las hojas y nadan los peces... libres sólo bajo el agua. Algunos son dorados, otros son plateados, de distintos colores como si un pintor los hubiera pintado, como si de algún arco iris hubierase él inspirado. Sus ojos azules no podían ver el mar... así que cerró los ojos y en él dejóse caer. Y allí fué que en un instante y para siempre, verdaderamente libre fué.
lunes, 3 de enero de 2011
II
Aunque seamos míseros seres a los grandes ojos de lo Desconocido, aunque no exista la Libertad, aunque estemos condenados en este misterioso reino de oscuridad, somos bellos seres que supimos en este bello y vasto mundo en que nos ha tocado «vivir» —con todo sentido que dicha palabra implica— crear y recrearnos. Creamos libertades, cálidas y confortables libertades, ansiadas libertades entre cadenas rotas hemos creado a puro sacrificio y rebeldía ante los poderosos egoístas, hemos luchado contra la injusticia con espíritu almorávide y supimos cosechar del más hermoso y raro «arte» —si sabrán de ésto los antiguos griegos—, valorable y más aún placentero cual viajero trás desierto encuéntrase soñando más despierto las frías aguas del divino Ponto Euxino.
Sin embargo, aquí se encuentra la humanidad, estancada como con clavo religioso ella encuéntrase crusificada. Ha sido mortal y cruelmente maltratada, insensiblemente torturada. Mientras aquellos que hacen girar el mundo a través de pecaminosas vanidades y nos hablan de evolución y de progreso, un genio independiente adujo que la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices, y navegando hacia los inicios del nuevo milenio ya comenzado, el mismo Gary McKinnon —hambriento de conocimiento, como diría The Mentor— alegó luego de haber intervenido en los sitemas operativos informáticos de las fuerzas armadas estadounidenses y de la NASA, que háse sorprendido por la insospechada tecnología que dicho país poseía, comentando a continuación que con toda esa gran tecnología podríase ya mismo estar curando el hambre en el mundo entero. Y pensar que sólo apenas había penetrado un sólo territorio delimitado del «Nuevo Mundo», obviando las distintas fincas denominadas "países" del resto del astro. Que claro está, con todo ello, que curar tan básicos vulgares males no es tarea imposible —¿Pues es que ya no nos ha dicho alguien que no hay cosas imposibles, sólo hombres incapaces?—.
Pero hemos nacido, los que aquí nos encontramos, en un gran país metafísico que podríamos dar a llamar: Capitalismo. Ésta es nuestra, por el momento, vulgar patria idealista, en donde los idiomas contamínanse por aquellas lenguas oxidadas que prefieren manterse sumisas a tan repugnante patria metafísica; en donde los políticos —en su enorme mayoría: ladrones de traje— profesan la doctrina del capitalista, que rige dos grandes leyes para gobernar, que a esta altura son sólo dos grandes atributos —vastas virtudes—: la carencia de solidaridad, y la abundancia de egoísmo. Los principales engranajes que hacen bombear un corazón sin sangre. Si tan sólo el tan aclamado Dios que dan por bueno apareciera e invirtiera las funciones de dichas piezas, la solidaridad sería abundante y el egoismo practicamente nulo, y así tal vez podamos contemplar la tan ansiada gota de sangre en estas montañas de arena blanca, tan preciada y valorada cual Rosa del Desierto; pero como dirían las influencias de Pazuzu, Dios no está hoy aquí presente. Pues que así sea y mejor, ya que solos y sin dioses podremos aprender de nuestros errores y de una vez por todas, progresar.
Las partículas doradas del antiguo reloj deslízanse por el intermedio de los bulbos mientras «el poder» idiotiza las masas. Más éstas creen en normas y valores inventados por el mismo hombre que no las rige, ellas (las personas) viven una vida naturalizada en donde todo redúcese a trabajo, sexo, alcohol, cigarrillos y algo de Coca-Cola, sin contar la comida barata, el descanzo y los transportes. Todos creen saber algo de amor, sin embargo caen en los estúpidos esteriotipos de la familia tipo y al final sólo experimentan el dolor, pues cásanse y divorciados acaban. ¡Si al menos no comprométense a cambiar nada, al menos tengan la decencia de no traer injustamente a este doliente mundo hijos a sufrir en él! ¡Por todos los cielos!
¿Acaso Shakespeare y Goethe escribieron en vano? ¿Óyense las melodías de Beethoven y Chopin? ¿Ya no leen a Wilde, Byron y Whitman? ¿Ya no escuchan a Brahms o Liszt? Pues lamentablemente pareciera que son todos ellos no más que desconocidos, miserables anónimos perdidos en el olvido, y si alguien que con oídos y ojos no reaccione ante ellos, me atrevo a dudar de que posea tales oídos y ojos..., o peor aún, dudaría de su sensibilidad. Bendito sea el pueblo que llora. ¡Oh, qué perdidos debemos de estar si en realidad son tantos los corazones sin sangre, las almas sin lágrimas!
La plebe, por más insignificante que sea o parezca, es quien lleva las verdaderas riendas del poder, sí, las mismas que el poder mismo hacen que no vean, llenándoles la cabeza desde niños cual agua a tetera se le llena para consumo aristocrático; porque sin el pueblo a ser gobernado nada hay más ya que gobernar. Pero el plebeyo no debe ver eso, pues edúcase lo para respetar normas y leyes que la inmundicia de quienes rigieron la humanidad han heredado, y así mismo el poder fabrica pequeños soldaditos de juguete y esclavos sin cadena que se adaptan al cruel y ya nombrado actual sistema. Les hacen creer astuta y maquiavélicamente en ciertos conceptos sobre el valor y el honor para luego morir en vano en sangrientas contiendas por motivos totalmente ajenos al pequeño soldadito de corazón de plástico; les imponen axiomas fundados bajo la alfombra del temor, para que teman y únanse cual pequeñitas criaturas desamparadas que respiran miedo bajo un detestado clima de amenaza; ellos mismos, quienes encuéntranse en los distintos poderes, crean conciente y directamente de forma indirecta criminales excluidos por el sistema para hacerles creer en un supuesto orden, una supuesta ley y un supuesto enemigo, así como han creado símbolos con "valores" atribuidos por humanos no muy nobles que digamos —¡Ellos mismos fueron quienes escribieron lo que pudieron de la historia! y claro, no hánse hecho ver tan mal—; también son ellos quienes de igual forma crean indigentes excluidos de este voraz sistema para que funcionen como atemorizante y vil espejo que exprese el despojo y el desprecio como vil reflejo de aquellos quienes decidan rebelarse o apartarse de este sistema irracional por efecto.
El dinero, por más limpio siempre sucio, es creado por los hombres, no por los dioses ni por los demonios, si falta dinero, créase, ahora yo debo preguntarme, ¿y créase la voluntad? Considero que no, siémbrase sólo. Para aquellos pseudo-economistas que alegan la falta de dinero como excusa, atribuyéndole el sinónimo de capital. Capitalismo, han de llamar a este sistema —palabra tan poco poética—, que maneja una extraña libertad/libertinaje como camaleón cambiante según la situación y el ambiente andante; puesto que nos permite progresar individualmente al compás de ritmos egóicos según nuestras propias y libres capacidades para razonar, y es ésta la más preciada facultad y virtud del ambicioso, que sólo necesita de una mente fresca y de su escrupulosa facultad de logicalizar, en donde el alma, el corazón latiendo en la izquierda y la sangre fluyendo roja, no son más que meros atributos secundarios y sin importancia para el capitalista de clase. Por ello... no habrá sido tan difícil el suicidio de aquellos empresarios, funcionarios y accionistas que fueron devorados economicamente por la Gran Depresión de aquellas tristes décadas.
Somos humanos, sólo eso, así nos han etiquetado los antiguos científicos, «Hombre sabio» del latín «Homo sapiens», no supónese que debería ser tan complicado romper con la ironía y comportarnos en verdad como verdaderos Hombres sabios. Nacimos en este hermosa bola de tierra y agua, hermosos paisajes han sido y son pintados por la madre natura al alcance de nuestra percepción y contemplación, nuestros grandes pintores que la humanidad ha dado a luz los han recreado en sus tan variadas formas, que no tiene sentido limitarnos a grandes parcelas delimitadas por fronteras y soberanías —meros inventos del hombre ambicioso— y sólo hablar en términos regionales, porque Borges perteneció a la humanidad, a la Tierra (como háse decidido llamar a este bonito planeta), no limitóse a ser sólo un argentino, y aunque lo hubiera hecho, quiera o no nació en este mundo, y por eso su legado nos pertenece a todos, así como el Bardo de Avon no es sólo de Isabel I ni de Inglaterra, o el genio endemoniado de Paganini no le pertenece sólo a Italia, porque el arte de la humanidad le pertenece a la Tierra y por sobre todo, al Universo.
"Patria" es una palabra engañosa y vaga que desciende de los padres de la tierra, aquellos infames que blasfemaban la real naturaleza al proclamar que sus tierras eran supuestamente suyas por donaciones de los dioses (semejante acto de picardía para aquellos tiempos), y así, por consiguiente, nacieron las herencias, el poder y la propiedad privada, que hoy día tanto molestan por enmendar las más insensibles injusticias. En hogaño suelen utilizar la mencionada palabra como sinónimo de "pedazo de tierra", puesto que apenas se refieren a países, o entendiendo lo mismo al razonar pobremente su nacimiento, pero los mas osados se atreven a ir más allá y razonar con más profundidad en donde han nacido, concluyendo que aunque se nazca en un punto determinado, no se nace en un pedacito de tierra ni en un diminuto rincón, puesto que todos nosotros nacimos y nacemos en este astro (¿pues qué es este planeta sino más que un punto en este universo magno?), el llamado a veces Planeta Azul, el mismo al que se refería Yuri al decir estas bellas palabras mientras lo orbitaba sobre el Vostok 1: «Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos». No fué para nada un mal legado como para ser el primer ser humano que ha visitado el espacio exterior. Así, realmente podemos afirmar que todos nosotros no sólo pertenecemos a la Tierra sino al Universo, pues nacemos en él.
No obstante, el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, haciendo caso omiso a los dichos de su colega atemporal («Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens»), e influido por la euforia de la guerra, criticó la misma con el ensayo del poeta Horacio «Dulce et decorum est pro patria mori», en el que considérase honorable morir por la patria, y que el escritor alemán consideraba como «propaganda dirigida» en la que sólo los «tontos» caen. Claro que fue sansionado por ello, pues claro también que era demasiado inteligente para ser comprendido por los idiotas.
Finalizando este escrito, ya díjose que el conocimiento del mundo astral lo obtiene quien puede meditar sobre la Luna, pues no es tarea de seres sobrenaturales ni fantasmas paranormales, tampoco es extrictamente necesario realizar proyecciones astrales para darse cuenta de lo hermoso que es el universo y de que pertenecemos a él, sólo es cuestión de poseer algo de amor en el corazón heredado por aquellos míticos sabios y grandes magos que con el arte han sabido engendrar la magia, iluminarnos el interior y perlar de mágico brillo nuestra sangre carmesí; pero por sobre todas las condiciones, sólo necesitamos ser humanos.
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