viernes, 17 de junio de 2016

XVI

     Erofilia
    
     En junio mis ojos tiemblan. Mi corazón que no sabe amar, ama. Nunca supo amar mi corazón. Mis ojos siempre fueron dos estrellas que pretendían mantener viva la cálida luz del pequeño fuego de la esperanza. Solitario en medio del abismo. Un corazón muerto en medio del espacio, todavía brillaba comprendiendo la eternidad. Todavía brilla comprendiendo a una mujer.
     Escuchando Discovering Lemongrassmusic por primera vez, dejándome sorprender por los sonidos, contemplo la sorpresa del silencio. El símil ausente de la posibilidad. La imagen tácita de todas las posibilidades. Frente al monitor mi mirada se contuvo temblorosa, antes de comenzar a serme palabra. Antes de emprender esta absurda imposibilidad transcriptiva. La sensación pura es la antítesis de la palabra. Soy un espiral ahíto en deseo que desciende al abismo con el corazón lleno de miel. Lleno de sus ojos. Lleno de esa calidez extraña que sólo atrae a extraños corazones. Te pienso. Me digo. Te recuerdo. Me digo. Mi decir siente. Te digo, me siento, me digo. Te siento, me estoy diciendo. No hay más palabras en el núcleo de los sentimientos nocturnos, pero encuentro verbos humedecidos en esta noche. Te siento, me dije. ¿Cómo expresar el tiempo desde donde el tiempo no es tiempo? Te amo. Te amo, me digo y me dije y te dije y me diré y nos diré y te digo siempre en cada palabra en cada aliento en cada adjetivo acariciándote el caparazón rojo de tu corazón pálido. De una luna nacen tus sensaciones. Todavía es de noche en este mundo...
     En tu cuerpo supe ver la ternura, el amor y la carne. Mis labios extrañan los tuyos, en esta eternidad fragmentada por el tiempo, detrás del velo de todo yo. En mí, hoy es siempre ayer, presente, y mañana. ¿Es que no extrañan tus labios aunque sea un céntimo los míos? Soy un extranjero perdido en el feroz bosque de este mundo. Soy un niño. La predicción de Zoroastro, que no supo sin embargo entrever mi corazón suicida. Soy también el niño Horus, que ama apasioandamente y amará apasionadamente a ti, mi apreciada estrella. A ti, mi cruz eterna. Mi llave al paraíso. ¡Y soy yo también tu llave! No temas. El tiempo es nuestro. Cuando nos conocimos nos supimos niños, juguetones pequeños en esta vida. En este destino en este mundo en esta noche. ¿Y no permanece el corazón aunque el corazón lata? Latir es movimiento, es fluir; somos un río de sangre, de pasión. Dejémonos llevar juntos al aniquilamiento del alma. Nuestro amor será nuestra destrucción que será nuestra creación nuestro principio y fin, la explosión de todas las contradicciones. La parálisis del movimiento y la quietud. El entendimiento que se esconde detrás del entendimiento. Los gatitos más sabios nos dicen: «acariciame, que yo soy la fuente de toda la sabiduría». ¡Oh Thot! ¡Oh Hathor! Hay que estar por delante del verbo. ¡Oh mujer! ¡Oh diosa de carne! ¡Oh tímida ninfa! Lejano nos es el juicio pero...¿qué sabemos nosotros de distancias? Tantas tiernas caricias te he regalado y tantas otras te regalaré, si me lo permites. Te obsequiaré también un amuleto para el otro mundo, un escarabeo turquesa donde también estará la fragancia de mi corazón antiguo. Quisiera abrazarte tanto... Quisiera que me abraces tanto...
     Una vez dije —¡hace segundos como si fuesen siglos!—: Siempre fui un extranjero... Un solitario. Un lobo tierno que camina junto a la luna perdido en la selva del sistema que nos destroza lentamente. Esperando ser devorado, descuartizado por el tiempo y la autodestrucción de un corazón oscuro. Mi carne oscila entre el aniquilamiento y el amor. Que en el fondo no es más que lo mismo.
     En estas noches malditas, ¡las antesalas del invierno!, el fantasma de un beso japonés te besa viajando desde Barracas hasta Balvanera. La suavidad del cariño te desgarra el alma. Espanta al miedo y ven conmigo al abismo del autoaniquilamiento, que si me tomás de la mano sabremos renacer juntos.
     No obstante un hoy, detesto la pasión al menos en la escritura. ¿A dónde me ha llevado ese padecer? Siempre me ha llevado al abandono. Como si no fuese suficiente ser un marginado. En la madrugada del origen de este fin de semana largo, me debato entre el ritmo de esta entrada que es una expresión: una melancolía apacible o una ferviente pasión. Por momentos es imposible indisociarlas. Pero mis movimientos son lentos cual los de un gato anciano. Mis tiempos suelen comenzar bajo el amparo de Saturno. Mis corazón rueda maltratado sobre los anillos sutiles de tan triste astro. Mi espíritu que es de carne y piel, mucha piel —así lo entendemos los descifradores de los códigos herméticos—, vaga en espirales por el universo. Perdido en besos infinitos. En tus besos. En el dolor de la nostalgia.
     Esperaré sin embargo todo el tiempo del mundo, si es necesario. Para estar a tu lado. Sé que nuestros túneles de realidad no están afinados en la unidad sagrada, pero una vez que se entrelacen, ¡porque ya se han cruzado!, seremos inmortales. Juntos en el pantano o en los cielos. Caminaría a tu lado aún si nos dirigiésemos al fin del mundo. ¿Dónde está el amor si esto no es amor? Lo digo yo que he sufrido las mil batallas en el tablero de la existencia. Peregrino de los desiertos del ánima. Cuánto ,cuánto, cuánto poder y cariño, cuánta sexualidad y suspiros, se ocultan detrás de nuestros ojos, de nuestros ojos que tiemblan de amor solitario en este mundo tan frío de muerte y abandono...Pequeñas estrellitas que brillarán por siempre aún estando muertas.