Varanus
¡Ah!, ¡la sangre que aplaude!
¡Un recital de pasiones!
Mil cristos desangrados
en las pupilas de los ojos de azufre,
tierno elemento de la desintegración;
Luna quebradiza de verano
reflejando huellas de polvo en el
corazón
del monstruito silencioso que la mira.
Soy un silencio. Dice la sombra.
Dice la sombra que callemos
ante la enorme luz de ese satélite
que sintoniza todos nuestros desamores.
Sombra que sombrea pasiones,
cuyos ojos brillan cuando siente
la daga pálida que atraviesa a su mirada,
latente noche
y lluvia de rincones sobre la ciudad.
Hoy la música se rompe,
la Cruz se vacía, la sangre se seca,
cuervos de café se posan, altivos,
en los postes húmedos
señalando con el pico en cuarto creciente
las luces artificiales rodeadas por insectos.
Así yace la fresca noche solitaria,
ebria de estrellas
ansiando la perdición
en cuantas copas de ajenjo
o hidromiel hechizada
quepan entre sus párpados de canela,
en su piel candente de diciembre
en sus deditos de vidrio
pintados con pequeños besos nocturnos,
inmortales palomitas de vacío.