viernes, 9 de diciembre de 2016

XXI

Qué es la religión, la religiosidad, y la mística. Me siento terrible al aproximarme a las entradas de estos antiguos templos. En el frontispicio de la religión, encuentro manchas de sangre seca; algunas gotas recientes, rabioso escarlata, brillando con furia al mediodía, y apagándose por la tarde. Alrededor hay cadáveres de todo tipo. Un olor nauseabundo impregna el aire de la arquitectura religiosa. Sin embargo las columnas principales todavía siguen en pie, aún con algunas rajaduras. Es imposible no percatarse de la cantidad de muertos que trae consigo desde su antigua peregrinación del odio. Me produce gran tristeza pensar la génesis del odio religioso, es decir la justificación del odio, que precede a la religión. Ese instante de ignorancia suprema, donde una voz osó alzarse por sobre otra, arraigando sobre sí toda una corriente de emocionalidad cavernícola frente al magnífico temor por lo desconocido. Allí donde nació el dogma, me animo a decir, nació el odio. Su vientre fue la ignorancia. Allí se gestó también el miedo. La fragilidad humana frente a la incertidumbre. La necesidad de fortaleza psíquica para poder acompañar la fortaleza física en aquellos momentos que demanden de una suma persistencia para la supervivencia. Quizás es la religión una consecuencia evolutiva para la subistencia por sobre el pesar, el tedio, el dolor primitivo de no saber. Si esto fuese así, ¿no estamos acaso ya listos para abandonar esa característica evolutiva? Aquello que pudo habernos funcionado en el pasado, puede ser superado en el presente. ¿Por qué, entonces, todavía arrastramos con aquellos viejos hábitos de la fe? Sólo rompiendo los hábitos podremos regenerarnos. Las nuevas generaciones, no repetir nuestros errores. Inventar los suyos. Avanzar. Evolucionar.

La religión como esa forma de pretención del volver a unirse, sólo adquiere sentido desde una perspectiva dualista de la existencia. Sin embargo, nada es sobrenatural. Lo sobrenatural no existe: todo es natural. Aunque apenas conozcamos el 4% de eso que podemos entender como todo, el resto, no deja de ser natural, por el hecho de concebirle existencia. El concepto de sobrenaturalidad carece de sentido. Es una trampa retórica o un artilugio literario, nada más. Algunos tomaron esto para hacer la realidad más soportable, inventando cuentos. Tomándoselo en serio o no: engañándose a sí mismos. Otros también se engañaron. Así nació la mentira. Pensando desde una negación del dualismo, todo lo que existe es todo lo que existe, esta tautología adquiere valor para remarcar que todo lo que existe tiene que ser todo lo que existe, lo que significa que todo es todo. Nosotros estamos incluidos en ese conjunto de totalidad, de modo que no hay nada a lo que volver a ligarse. Ya estamos ligados. La religión es un error.

La religiosidad, sin embargo, es una predisposición al mito. Una cercanía con la fábula. Una pretención de magia. Un acercamiento hacia nuevas posibilidades, que puedan condimentar las potencias de la vida. Una estimulación a las acciones cotidianas. Un combustible existencial para permitir una marcha hacia la muerte de manera amena. El mejor ejemplo es la religiosidad griega. No tenían religión estricta, porque no planteaban unirse a ningún sitio, ni alcanzar ningún paraíso; no tenían ningún libro de dogmas, nada de mandamientos. Sólo fundamentaban su cultura en base de tradiciones folclóricas que le permitían desarrollar una idiosincracia peculiar. Formar una identidad popular. Estimar una convergencia de principios comunes que le den rostro a una sociedad arrogante. Allí, la mentira en tanto mito, cumplía el rol específico de la explicación. El parche que cubre el vacío. El antídoto contra el horror vacui. La expresión mitificada de la necesidad de una respuesta. De la cultura que establecía entre líneas la necesidad de una respuesta. La cuna de la filosofía, a su vez, la madre de las ciencias. No obstante, la religiosidad siempre tierra fértil para la implementación de la religión. Siempre un espacio para hacerle lugar a la creencia, a lo vulgar, a la expresión de la debilidad humana: el carácter antagónico del conocimiento.

La mística, es la conciencia de la religión. El sentido del yo de la religiosidad. El heroísmo de la religiosidad se basaba en la propia figura como protagonista de la historia. Es el egocentrismo ciudadano, como ideal del protagonismo de una obra de teatro, o poema. La conciencia de la religión, su pluma, su expresión verbal a través de ensoñaciones nocturnas, que le permitieron fundarse en proposiciones dogmáticas que establezcan el espectro categórico del quehacer poético. La poética es la mística. Las figuras, los enlaces entre las ideas, las imágenes arribando a los pensamientos como visiones caídas del cielo. Las revelaciones ontológicas. La sensibilidad del delirio. La fragilidad del comunicado, en tanto mensaje personal, único, titubeante. Sin la poesía, no podría haber existido religión. Sin la versificación de las experiencias, no podría haber existido experiencia religiosa alguna. En el principio fue el logos, génesis de la creación religiosa. El discurso. La palabra. El verbo. La acción, de la que le siguió la expresión, que pudiera catalogarla «acción». La razón perfectible en épocas oscuras. El raciocinio que recién comenzaba a gestarse a nivel social. Aquel que apenas comenzaba a desarrollarse a nivel individual. El pensamiento estaba en pañales. El asombro, sin embargo, siempre fue adulto. Una sabiduría mayor expresada en los ojos del niño. Cuando el hombre y la mujer aún eran pequeñas criaturas en el tiempo de nuestra especie. La asombrosa percepción de ser en el mundo, que exigía una explicación, un pasar en palabras ese devenir interrelacional entre el sujeto y su hábitat.

Estamos inevitablemente solos, siempre. Desde el principio de nuestra existencia, hasta el final. Cuando arribamos al mundo, marineros del milagro, vencedores de una carrera fastuosa, solitarios en la multitud. Nosotros contra el mundo. Una tormenta de sensaciones nos atraviesan, nos penetran por todos lados, como un pulplo erótico a una geisha húmeda. Nadie nos asiste en la experiencia del nacimiento. La primera visión del mundo es una luz. No hay recuerdos concientes de los primeros momentos. Somos invadidos por otras conciencias de erizos, que nos lastiman en cada caricia. Somos inmediatamente colonizados por las sensaciones de los otros. Aculturizados por las influencias de nuestro entorno: mundo y personas. Nuestra predisposición genética ni siquiera nos pertenece. Somos la herencia de dos predeterminaciones. Somos ajenos. Somos un otro. Toda compañía es provisoria. La vida es única. Singular. La pluralidad es una contingencia. La muerte es inevitable. En ese instante de partida, no importa cuántas personas nos rodeen o tomen de la mano, en ese justo instante final, estamos solos. Partimos solos. Nadie nos acompaña hacia el oscuro reino, el viaje es en solitario. Venimos solos, y solos nos vamos. El acompañamiento en la travesía es una ficción amable. Ellos también están solos. Todos estamos solos. Nuestras soledades, acompañándose, nos generan el drama de la cercanía. Nuestras soledades, cercanas, nos generan la leyenda del romance. Todos, estando solos, caemos a la tentación sutil de creer que la soledad es imposible. Pero no hay nada más posible que la soledad. El Ser de Parménides, está solo. Somos parte de esa grandiosa soledad. La llama heraclítea, está sola. Somos la consecuencia de ese misterioso ardor. Seres que padecen un ardor antiguo. Una conciencia acalorada. Un padecer primitivo, caliente como el vientre de una estrella. Criaturas de pasiones finitas, naturalemente condenadas a cadena perpetua. Jaula de carne, cuerpo de puertas abiertas. Mediante la jaula obtengo la libertad de escaparme de ella. De volar. Carne estremecida, cálido recipiente de cariño. Mediante el cuerpo puede ejercerse la más noble libertad. La determinación del placer. Hacer de la existencia fútil, un reino de goces infinitos. Es así como establecemos en el mapa corpóreo, que las pasiones finitas contienen en sí mismas una sensación infinita. Esta es la paradoja del sentimiento. Pasiones que se extinguen, y que mientras duran, duran para siempre. El símbolo del falo radiante. El monte de Venus acalorado. Geografias dignas de ser exploradas más de una vez. Porque nadie se baña en la humectación del mismo cuerpo dos veces. El mundo nos espera en un abrazo fraterno y sexual, para proseguir, en soledad, con la obra melancólica de la evolución, indiferente a la vida y la muerte, altiva.  La arrogancia de la belleza consiste en la extrapolación de su fascinación hacia el sorpresa de la muerte. Allí florece la soberbia del deseo. La última expresión de la humanidad. La curiosidad por el otro. Por lo otro. La incentivación a conocer los límites del mundo, del lenguage, del cuerpo. Una apología al dolor. Un canto a la vitalidad.

jueves, 8 de diciembre de 2016

XX

A veces entiendo
a quien parte para siempre

En estas horas
donde la luz desaparece
donde la música se acaba
hay un silencio inquietante
se deja ver el vacío de todo.

Ahora también sé
me estoy predisponiendo a partir

lentamente, determinando
mi destino manchado
y un día abriré los ojos negros
y no lo pensaré, no pensaré más
simplemente me dejaré partir
-yo que no pertenezco a ningún lado-,
irme para siempre
al modo del águila que extiende vuelo
desde la lúa que lo porta.

lunes, 5 de diciembre de 2016

XIX

Grazna un pájaro negro
en una jaula

Yo, dice, y para decir
vuela

Gira el cuerpo caliente
en la nieve

Desciende, negro ocaso,
emplumado sol,

Sobre la pendiente
del sueño fresco

Grazna un pájaro negro
en una jaula

Es en el cielo
negrura, libertad, amor;

Recuerda en su encierro,
por las noches,

La blancura de sus fantasías,
las nubes sobre el períptero

Y llora en silencio su conciencia,
ese cielo que vuela alejado de él.

sábado, 3 de diciembre de 2016

XVIII

     Un hombre que no tiene patria es un hombre que puede pensar correctamente. Correcta es la forma de pensar que ataca al sistema establecido. Incorrecta es la sumisión política a un sistema que nos destripa los sueños lentamente, al modo de un cigarrillo desintegrándose al pasar del tiempo. El sutil veneno, aquel que legitima el sistema económico que también es político, mediante la inercia, y la pasividad política ciudadana, fuera de las organizaciones partidarias.

     La falta de energía del pueblo, ese conjunto de individuos, acalorados por lo cotidiano, se desprende de la cotidianidad política que los ataca constantemente. Están rodeados. La vida se transforma así en un campo de batalla. Los ataques continuos del enemigo debilitan la voluntad en las trincheras de los hombres y las mujeres que han decidido luchar; ahora, imagínenlo en aquellas personas que no lo han decidido.

     La fuente de la ignorancia, es la contrapartida de la  fuente de la sabiduría. Esta implicación por oposición parece obvia, pero adquiere sentido cuando observamos el lento perecer popular al que se sume una nación o el mundo.

     Civiles que optan por beber de la legitimación de un sistema absurdo. Difícil será encontrar las justificaciones de semejante accionar. ¿Posición de clase? ¿Ausencia de conciencia de clase? ¿Privilegios de la burguesía? ¿Estupidez cultural? ¿La norma de la tradición de prejuicios políticos funcionales al basamento económico del establishment? Las preguntas pueden continuar.

     Hay que vacunar al pueblo contra la inercia.

     La pasividad de los enfermos debe tornarse en la agresión del hombre sano. Las mujeres también deben ser guerreras. Ellas están despertando primero. El sistema socio-patriarcal está sólidamente unido al sistema capital-económico y político. Unidos por la voracidad, la gran cultura lxs oprime. Si queremos dejar de ser oprimidos por los mismos de siempre, década tras década, no queda más remedio que levantarse.

     Desde hace tiempo que hemos sembrado la semilla de la rebelión. Es hora de recoger sus frutos. Es hora de despertar rabiosos. Ansiosos de victoria. Pacientes de gloria. Destrozar al enemigo con la inteligencia y la inflexibilidad. Asegurarse el mundo. Conservar el terreno ganado. El primer terreno político es el cuerpo. Es la primera parcela de carne que hay que empoderar. Autogobernarse. Aplicar un sistema ético y político cuyas bases sean humanistas. Es decir, que incluya al socialismo y al feminismo. Que incluyan las luchas por la libertad y la justicia racionales. El comunismo científico tiene que retornar. El peso de la realidad tiene que derrumbar las espaldas de los grandes capitalistas. Los mitos, con los cuales nos han engañado largamente, deben desaparecer. Serán luego leyendas de realismo mágico que les contaremos a nuestros nietos. Las futuras generaciones tienen que estar preparadas para defender el mundo, de la tiranía de la ignorancia y el capricho. Aquellos ángeles oscuros que nacen de la ignorancia y la apatía, a raiz de una educación defectuosa y mítica.

     La chispa de la explosión total es la poesía.

     Extender el terreno de lucha de mi cuerpo al terreno que habitan los cuerpos, es menester. Autogobernarnos. Extender la justicia. Extender la libertad. Tenderle la mano a la razón, a las sensaciones de las cuales se emerge victoriosa el raciocinio de una conciencia nueva.

     La relaciones afectivas; la alimentación: lo personal es político.

     La lucha se extiende. La sociedad, ese conjunto de personalidades, se politiza. El sueño se cubre de estrellas que sueñan. ¿Qué lucha puede perecer, si el guerrero, todas las noches, aún después de la victoria, sigue mirando la noche estrellada? Ellas son el símbolo de la esperanza. En el vientre de esas mágicas perlas arrojadas al vacío, nos gestamos nosotros. Su vientre fue el caldo de cultivo de nuestra vida. Su brillo nos perló las pupilas de pequeños sueños de cantos y esperanzas. Su ardor, nos iluminó la senda de la lucha. Su fuego yace límpido en nuestros corazones, rebosantes de pasión alejandrina. Somos guerreros pero también somos poetas.

     Un luchador tiene que ser también un artista.

     La militancia formal implica la afiliación a una organización específica. La militancia informal implica la afiliación a la responsabilidad ciudadana, en el día a día. Ambas son sumamente importantes, y por ambas la cultura se transforma. Alcemos la mirada al horizonte, para abarcar todos los caminos. Todo lo que es personal. Todo lo que es político. El mundo que habitamos, el mundo que nos habita. Encontrar esa leve comunión entre los opuestos, es encontrar esa armonía perdida en el tiempo. Es conciliar a Apolo con Dionisos. La forma con la ebriedad. El cuerpo con la pasión. Emerger del mundo de las ideas, al mundo de la acción.

     Lucha y el mundo será tuyo. No te rindas jamás. A lo largo del transcurso de la existencia, los que ya se han rendido intentarán atraparte, convencerte por temor a ser abandonados por la evolución de la conciencia. No seas piadoso. No puedes renunciar a tu esperanza por el temor a la soeldad de los que ya la han perdido. Enséñales que todavía no es demasiado tarde. No abandones tus ideas, perfecciónalas. No busques la caridad, sino la igualdad de condiciones. El capitalismo necesita de la pobreza para existir. Es nuestra tarea construir un sistema que sólo necesite de la valentía y la inteligencia, para existir. No de la cobardía que excluye por temor a perderlo todo. Ahora es tarde para esos miserables de la sinarquía internacional: lo perderán todo. ES NUESTRO EL MUNDO, y nuestro será el acto de recuperarlo.

     Tú eres todos.

     Lucha hasta el final. Las pequeñas acciones son las primeras piezas del efecto dominó. Aunque el tiempo sea demasiado grande a tus pupilas. Tu sueño es demasiado grande a los ojos del tiempo.

     Cada corazón rebosante de sangre es un tambor que suena aguardando la victoria. Que tus acciones sean música. Que tus palabras sean prosa. Que tu verbo sea la razón. Que tu mirada sea ética. Sé humano, es tu deber serlo.

     Todos están también en ti.

     Lucha hasta el final.