lunes, 5 de noviembre de 2012

VIII


5 de noviembre

Préndese una vela
antes que una maldición
a la oscuridad.

Pleitesía al revolucionario
es la sombra de mi alba
que ardiente canta
desde el más hondo calvario
capital cual vasta deidad.

Vérsese líneas de fuego
sobre el albor terrible
de todos los principios.

Mil ochocientos doce
acciones insubordinadas
pueden cambiar un siglo
en un instante de cólera
y miel en rebelión.

Cántese sin miedo
los cantares de la opresión
en el fulgente plexo del ser.

Hoy llegó el mañana
y hoy como mañana
y por mañana comenzamos
harmonía en lírica a la mañana
renaciendo junto al Sol.

Hágase a la voluntad
del fúlgido corazón
flor y espada y amor.

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En el comienzo azul del principio verde oyes y sé que sí oyes la poesía de la reinita cabezadorada en frágil rama de bronce sobre el altivo sabio que impasible contempla el cambio.

Hay un nuevo amanecer y es el fin del mundo.

El cielo que tempestuoso reposa por encima de un lecho de gráciles sueños imposibles acaba tras la caída del gigante a dar a luz a una estrella.

Hasta el día de mañana será poeta el alma de la penumbra de todos nuestros males.

Entre dos orígenes se extinguió la entropía en otrora.

Hogaño, un cerebro desvelado atizando la pequeña lumbre que parpadea en latente de cera transmuta las alas del espíritu.