Los desconocidos y los que no me conocéis, los conocidos y los que me conocéis en las estrellas, los ocultos, las sombras y los poetas, veréis en mí lo que vosotros queráis ver, y tal vez algo más... Pero tal vez nada de ello importe. Así me presento. Mi nombre es Davitzer von Klausewitz, y ésto tengo para deciros.
¿Existe el amor real?
Dichoso seamos y sea quien la obviedad responda.
En este sueño, infierno paradisíaco
¿Quién no hale sacado una sonrisa al amor? y cuando se alejaba
¿Quién valiente habrále gritado con clamor? y cuando se acercaba
¿Quién valiente habráse atrevido de la mano tomarle?
Afortunado quien por los dioses ha sido guiado.
Afortunado quien ha clamado y clamado ¡y por fin ha sido escuchado!
Afortunado quien pueda decir, bajo la noche muerta de la angustiosa luna:
Tengo las estrellas en mi mano, y
Soy sólo un hombre, sólo una persona, sólo un ser humano.
Simplemente soy... sólo un ser amado.
Centenares de emociones, millares de sentimientos, miles de sensaciones y mucho más... es lo que puedes encontrar detrás de cada par de ojos que a este mundo ha sido traído sin su conciente consentimiento sentimentalista. Y sí, tal vez la conciencia se borra en vida, pero de un modo u otro ¿Qué importa? Si ya estamos aquí. El pasado entierra la injusticia, el pasado entierra el egoísmo, pero lo que no entierra es nuestro presente, ni mucho menos: nuestro futuro.
No elegimos a la naturaleza, así como los dioses no eligen a la realeza, no elegimos cómo y en dónde nacer, pero sin embargo aquí estamos. Tímidos orgullos asómanse desde la montaña, y nos obsérvan desde la noche, mientras dormimos y creemos soñar nos contemplan noche a noche. Y aún aquí estamos... soñando despiertos mientras creemos existir, viviendo, entre la vida y la muerte con un fiel corazón día a día latiendo.
Claro es que nuestras épocas no nos eligen, ni nosotros a ellas elegimos, pero aún así, mal nos pese, aquí estamos... nuevamente. Somos quien somos, es por eso que podemos todos juntos cambiar a gusto aquello que en muerte no elegimos: la belleza vulgar de un pobre paraíso ya deteriorado. ¿Qué nos falta? Poseemos una conciencia, una mente y un corazón, y todos somos vulnerables al gran y verdadero amor.
Y cuando el sol caiga y álcese la luna, el Gran Día llorará como jamás lo ha hecho... y es triste que yo ya para aquel entonces estaré muerto. Aún así no me impido soñar, y me imagino aquel bello día gris caminando bajo la más hermosa lluvia por los campos de Tambach-Dietharz, pequeño y hermoso pueblo laureado en paz y tranquilidad. Me imagino luego de un extenso recorrido metafísico, sentado entre las columnas del castillo de Friedenstein escribiendo mis últimas líneas en una hoja salpicada en lágrimas divinas bajo el ojo del distrito de Gotha, y mientras el lejano bosque, los pinos y los abetos ya me extrañan, encuéntrome partiendo hacia mi destino, efímero, oscuro e incierto... pronto sabré que tan grande es el universo dentro de una lágrima; y en viento, viajo y viajo y he viajado, y en mi final aquí me detengo. Venturosos ojos aquellos que contemplen un fatigado amanecer renacer por sobre las ruinas del Mühlberg. Luego de una exalta lluvia allí yazgo, entre las ruinas de la angustia, entre cristalizadas tristezas, esperando perecer como último movimiento de sinfonía..., sentado en uno de los escombros del castillo... evaporándome como secreto de último día, cual susurro de instinto de conciencia se pierde entre esencia y reminiscencia; sepan que no pido nada más que el olvido, más no merezco el mismo destino que Claudius Aurelius Marcus Gothicus el divino, sino que es la humanidad en su esencia más pura que junto al mundo le deseo lo que no pido, como su más fiel y justo destino.
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