Líber cor in voluntas
Cubil desidia la inherente morada de la carne,
Incesante vil vástago de la fatal perfidia
La dócil bruma material dentro del cráneo,
Esteta tupé a dionisíaca mirada cubre,
Es el indómito placer de Apolo el álter ego,
Inocente lascivia el ansia divino de los dioses,
Luz de vela en la bañera y unas crónicas de lujuria
Son la sal de un plato tunecí en un comedor sucio.
Oh, vileza, vileza, ¡qué horror el sentir débil!,
¡¡Ánima grácil a tu voluntad enfrenta!!, empero
Freno a su monstruoso rostro que a mi temple petrifica,
¡Cuán gran es el poder que el hombre necesita!, ¡dioses!;
Mas si valor tuviese el «hombre sabio» frente a sí mismo
En las más profundas horas de la noche, reencontrarse,
Conversar, retórica del loco, esotérica comunicación,
Comprender pudiese los intrincados laberintos de la mente.
Lucero, Venus, Dionysos, ¡perversión nocturna, infiel,
A los ojos del vatímetro!, pescador indiferente
Del destierro de los nobles, ¡amoralidad, amoralidad!,
Gritan los pobres, claman los ocultos, ¡vida!, ¡vida!
No hay mal que exista en lo que es, seguro es,
Tan así los prados se iluminan en estío, pues,
No hay bien que exista en lo que es, sábese,
Ya que la lluvia inunda cual sus frutos da en el campo,
Dicha prístina del Tao su designio, lecho universal,
Cuna de dioses y demonios, ¡cosmos infinito!
Y así como el rey a sus hombres esclaviza,
Yo, mago de las sombras a Legión someto.
Todo cuerpo posee su columna de marfil,
Tal así toda alma posee su torre de Babel;
¡Más de mil demonios nos ilusionan con sus falsos,
Pobres, tuertos, y mediocres equilibrios! Moral,
Llámanle algunos varios, principios sin rigor
Cual un trueno en el sendero, eléctrico indomable
El impulso del humano, mortal en todos sus sentidos.
¡Oh espíritu eterno que de excepción vestido te escapas!
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La perra sin bozal su cola agita, cual si fuese Satán meditando en el lecho de Afrodita. El báculo invertido desde el primogénito primordial de todos los principios; sin sentido, en el mar del Nous génesis dual bogando a contraviento.
Una desencadenada jauría en el laberinto de la urbe, defectos, alegan los seudo serapis desde sus cómodos sillones. Es de noche y nadie vigila a quienes nos vigilan; que el lobo devore a su domador. Libros manchados con la sangre de la tierra, hojas fragmentos del alma de los sabios, no hay una línea que sea pura.
En algún no remoto ayer, mis ojos contemplaron la acción de la belleza: una flor acariciando una mariposa. ¡Oh estacionse oh castillos, qué alma no tiene algún reproche!..., con las mitades de una estrella en cada ojo al mundo hostigas y en secreto amas, ¡a ti te hablo sombra imagen de la viva natura!..., podemos perderlo todo en una fuga, pederlo todo en algún beso... ¿qué tenemos?, bajo el cielo cálido techo de mil sueños, todavía late un corazón.
Con una caricia podemos cambiar el mundo. Y con nuestros labios susurrámosle al Destino sus proezas, dignas de los fieles; amantes de la poesía... amantes de la poesía.
Un conjunto de sentencias iluminan con negra luz el cerebro de los peces, sea ya escrita en una hoja o impregnada por los aires. Ciegos de sangre y espíritu a sus palabras acuden, cual la regla aritmética imperativo de una ciencia que no comprenden. Las frías vestiduras de las letras cubren la desnudez de sus colores, esencias multi, a los cerrados ojos que aunque abiertos, omiten. Pregúntome en madrugada, mientras los pájaritos cantan, qué tan difícil es escuchar el corazón.
Brega la cólera del poeta entre callejuelas de olvidados suburbios, ley ausente y norma de la cobardía y el desinterés, no hay tal ley: fantasmas, fantasmas kamikazes ávidos de diamantes sin sangre, mudos latentes ya oxidados. Oh efímeros sueños bajo los faroles de las calles, humedad sanguínea y perfumes de juventud, qué de las antiguas ninfas en velos transparentes y desnudos faunos corriendo a sus doncellas al son de la cascada. Añoranza.
Mas hoy, la extinción no es absoluta. Encontramos nos en radiante brezal a luminosas horas de la tarde, briagos, sembrando cosquillas en la fértil piel del otro, al tanto las dulces flores aspiran el aroma del brial, juguetón y escabullidiso en el cuerpo de la virgen. Mis finas manos dejan caer su bretel, que tibiamente se desliza por sus brazos, radiantes ante el testigo de los cielos, no obstante le escondo besos en sus piernas. Los rayos rielaban en su nuda carne y nuestros suspiros se enlazaban en el calmo éter elvándose hasta el infinito, mientras su trémulo vientre bailaba bajo mis labios... Imposible frescura sus rizos de brécol, aromático incienso del amor...
Oh campestres sueños de lozanía, modernos escapes de la ausente vida, en busca de la libertad, ¡las verdaderas!, incluyéndola a ella, errantes sin futuro en el presente, a puro verso, espada y rosa, constructores del panal de la dulzura y la melancolía, y entre silencios que huelen a azucenas, cien mil destellos de sabidurías.
Más allá del Cielo y el Infierno... Más allá de Dios.
2 comentarios:
mmmmmmmmm
Alemania??
Argentina?
¿De donde sos?
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