Ababol
Crece entre sembrados y mieses la amapola,
De la primavera en la cuna floja descanza
Decidida y sola sin saludar ni decir hola
Como falso Dios señala en nube rojä ultranza.
Y el opio de tus sienes te saludan y te invitan
Al teatro que no vienes ¡pues es que allí radicas!
¡Oh, mal reparto a tutiplén donde las marionetas silvan!
Ya dan abasto a granel y por doquier con estúpidas creencias te salpican,
¡Sucias y débiles sus salivas! Por fuera transparentes,
Por dentro hipócritas y pseudo-independientes,
¡Furcias débiles y sumisas! ¡Necias! ¡Incendiad las camas y las iglesias!
¡Alienados! ¡Cantáis vosotros al compás de la epilepsia!
Yo ya vengo, daré un paseo por el infierno,
Que a éstas alturas, desde aquí sólo veo un averno.
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«El malvado siempre es sexy, los buenos apestan.» Díjome una vez un amigable mas no sociable demonio. Porque es que en verdad ni los buenos ni los malos existen, empero y por eso, los buenos son no sólo falsos sino grandes cosechadores de la hipocresía y la aburrida mentira, ¡Pues sí! ¡Aburren como los cuentos de la tía! Mientras el malo, juega con la maldad y ayuda con su genia bondad, lastima y sana, como cristiano Dios de antaño, sólo que éste y no Dios, es su creador, ¡el único, el original, no cómo el invisible amigo tacaño!
¿Dónde están los muertos, dónde está el rebaño? ¡Allí los veo, allí los veo! Allí y acá, flotando en el abacá.
«Lo que no te mata te hace más fuerte, y lo que no te hace más fuerte te hace más fuerte aún.» Díjome una vez mi álter ego, pues Dios ha muerto, eso ya lo sabemos.
Lo hemos asesinado, ¿quién más? Si no quienes lo hemos creado; aquellos santos ascetas que en el cielo en paz descanzan sin ver tetas.
¡Dios murió en la riña!... Es ésto, poesía en una sóla línea.
¡Oh!, colegas, no seáis tan realistas, que moriréis sin chispas, con penas y lástimas, como naturalistas, como averroístas.
¡Oh!, compañeros de la plebe – ovejas del relieve, lobos de la nieve; ¿por qué sois tan asquerosamente débiles? ¿Por qué necesitáis de la baranda para ascender: al cielo del alma? Vosotros que creéis ser tan maduros, por el trabajo duros, muy adultos, ¡tenéis, por todos los cielos, como niños, un amigo invisible! Sólo que éste, como ha dicho Daniel (con un toque de miel), a diferencia de otros, no te conduce al psicólogo. ¡Gran amigo entonces!
A ver, compañeros de la plebe y del deber, para encontrar lo buscado es necesario primero perderlo absolutamente, dice el aforismo, ¿entonces? ¡Pierdan a su Dios, imaginario Dios! ¿Y entonces? Encontraránse con ustedes mismos, pues cada uno de ustedes, en su interior... es su Dios, su verdadero Dios. ¡Oh, fuente de poder y de luz! ¡Lucero, Venus, alumbra de par en par y de dos en dos!
18 de septiembre de 1890
La flecha en llamas ardía... yacía penetrando en el corazón de la primavera y sangraba como loca arteria aorta, pues mucha sangra largaba. Hojas muertas reposaban en la tierra rojiza, ruborizada en jadines, flores y yazmines. Crecían de la epidermis del estío hermosas rosas de cristales de rubíes, eran aquellas las fechas del amor y el fogozo carmesí.
Alas y plumas flotan junto al viaje y deslízanse por los valles de sus várices, y cansados y sin ganas aguardan las abacerías, ¡pues allí vienen las hermanas, que le cantan a las estrías! Oh, Santa Ana, ¿y dónde está la caridad que tú emanas? Lleváronse lo los fuertes aires de las palmeras y las playas con sus partículas de arena hacia las pobres tierras del Sur.
Falsa fundación que rebalsa las mentiras de la canción, ¡santa vergüenza de las liras del amor! Robótica y robusta es la fábrica que con enfermas paredes encierra la semilla de la inyección, la falsa ilusión del paraíso su proyección.
Dios no ejerce la protección.
Escuchen a los muertos, que aunque entre lápidas descansan..., ellos también cantan.
¿Oyen los ecos del panteón?
El cubo se ha marchado, allí sólo hay un cuadrado.
Cuatro líneas y un final, no hay aquí algún ser amado,
Sólo mucha miel y un panal, abejas ciegas y un avezar:
Ver a oscuras y entre sombras y luces a amar.
Avésticos murmuros me susurran, lo que no han dicho, quienes aprendieron a estrellas con ábaco contar – bellas épocas aquellas; avícolas regiones claman el escuche, de los hablas y los dichos..., los secretos del estuche.
Y sin asco y sin temor, así lo dijo el español:
«y los libros hablaban y hablaban
pero Dios iba diciendo
pronto se acabará el mundo»
pero Dios iba diciendo
pronto se acabará el mundo»
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