Qué es la religión, la religiosidad, y la mística. Me siento terrible al aproximarme a las entradas de estos antiguos templos. En el frontispicio de la religión, encuentro manchas de sangre seca; algunas gotas recientes, rabioso escarlata, brillando con furia al mediodía, y apagándose por la tarde. Alrededor hay cadáveres de todo tipo. Un olor nauseabundo impregna el aire de la arquitectura religiosa. Sin embargo las columnas principales todavía siguen en pie, aún con algunas rajaduras. Es imposible no percatarse de la cantidad de muertos que trae consigo desde su antigua peregrinación del odio. Me produce gran tristeza pensar la génesis del odio religioso, es decir la justificación del odio, que precede a la religión. Ese instante de ignorancia suprema, donde una voz osó alzarse por sobre otra, arraigando sobre sí toda una corriente de emocionalidad cavernícola frente al magnífico temor por lo desconocido. Allí donde nació el dogma, me animo a decir, nació el odio. Su vientre fue la ignorancia. Allí se gestó también el miedo. La fragilidad humana frente a la incertidumbre. La necesidad de fortaleza psíquica para poder acompañar la fortaleza física en aquellos momentos que demanden de una suma persistencia para la supervivencia. Quizás es la religión una consecuencia evolutiva para la subistencia por sobre el pesar, el tedio, el dolor primitivo de no saber. Si esto fuese así, ¿no estamos acaso ya listos para abandonar esa característica evolutiva? Aquello que pudo habernos funcionado en el pasado, puede ser superado en el presente. ¿Por qué, entonces, todavía arrastramos con aquellos viejos hábitos de la fe? Sólo rompiendo los hábitos podremos regenerarnos. Las nuevas generaciones, no repetir nuestros errores. Inventar los suyos. Avanzar. Evolucionar.
La religión como esa forma de pretención del volver a unirse, sólo adquiere sentido desde una perspectiva dualista de la existencia. Sin embargo, nada es sobrenatural. Lo sobrenatural no existe: todo es natural. Aunque apenas conozcamos el 4% de eso que podemos entender como todo, el resto, no deja de ser natural, por el hecho de concebirle existencia. El concepto de sobrenaturalidad carece de sentido. Es una trampa retórica o un artilugio literario, nada más. Algunos tomaron esto para hacer la realidad más soportable, inventando cuentos. Tomándoselo en serio o no: engañándose a sí mismos. Otros también se engañaron. Así nació la mentira. Pensando desde una negación del dualismo, todo lo que existe es todo lo que existe, esta tautología adquiere valor para remarcar que todo lo que existe tiene que ser todo lo que existe, lo que significa que todo es todo. Nosotros estamos incluidos en ese conjunto de totalidad, de modo que no hay nada a lo que volver a ligarse. Ya estamos ligados. La religión es un error.
La religiosidad, sin embargo, es una predisposición al mito. Una cercanía con la fábula. Una pretención de magia. Un acercamiento hacia nuevas posibilidades, que puedan condimentar las potencias de la vida. Una estimulación a las acciones cotidianas. Un combustible existencial para permitir una marcha hacia la muerte de manera amena. El mejor ejemplo es la religiosidad griega. No tenían religión estricta, porque no planteaban unirse a ningún sitio, ni alcanzar ningún paraíso; no tenían ningún libro de dogmas, nada de mandamientos. Sólo fundamentaban su cultura en base de tradiciones folclóricas que le permitían desarrollar una idiosincracia peculiar. Formar una identidad popular. Estimar una convergencia de principios comunes que le den rostro a una sociedad arrogante. Allí, la mentira en tanto mito, cumplía el rol específico de la explicación. El parche que cubre el vacío. El antídoto contra el horror vacui. La expresión mitificada de la necesidad de una respuesta. De la cultura que establecía entre líneas la necesidad de una respuesta. La cuna de la filosofía, a su vez, la madre de las ciencias. No obstante, la religiosidad siempre tierra fértil para la implementación de la religión. Siempre un espacio para hacerle lugar a la creencia, a lo vulgar, a la expresión de la debilidad humana: el carácter antagónico del conocimiento.
La mística, es la conciencia de la religión. El sentido del yo de la religiosidad. El heroísmo de la religiosidad se basaba en la propia figura como protagonista de la historia. Es el egocentrismo ciudadano, como ideal del protagonismo de una obra de teatro, o poema. La conciencia de la religión, su pluma, su expresión verbal a través de ensoñaciones nocturnas, que le permitieron fundarse en proposiciones dogmáticas que establezcan el espectro categórico del quehacer poético. La poética es la mística. Las figuras, los enlaces entre las ideas, las imágenes arribando a los pensamientos como visiones caídas del cielo. Las revelaciones ontológicas. La sensibilidad del delirio. La fragilidad del comunicado, en tanto mensaje personal, único, titubeante. Sin la poesía, no podría haber existido religión. Sin la versificación de las experiencias, no podría haber existido experiencia religiosa alguna. En el principio fue el logos, génesis de la creación religiosa. El discurso. La palabra. El verbo. La acción, de la que le siguió la expresión, que pudiera catalogarla «acción». La razón perfectible en épocas oscuras. El raciocinio que recién comenzaba a gestarse a nivel social. Aquel que apenas comenzaba a desarrollarse a nivel individual. El pensamiento estaba en pañales. El asombro, sin embargo, siempre fue adulto. Una sabiduría mayor expresada en los ojos del niño. Cuando el hombre y la mujer aún eran pequeñas criaturas en el tiempo de nuestra especie. La asombrosa percepción de ser en el mundo, que exigía una explicación, un pasar en palabras ese devenir interrelacional entre el sujeto y su hábitat.
Estamos inevitablemente solos, siempre. Desde el principio de nuestra existencia, hasta el final. Cuando arribamos al mundo, marineros del milagro, vencedores de una carrera fastuosa, solitarios en la multitud. Nosotros contra el mundo. Una tormenta de sensaciones nos atraviesan, nos penetran por todos lados, como un pulplo erótico a una geisha húmeda. Nadie nos asiste en la experiencia del nacimiento. La primera visión del mundo es una luz. No hay recuerdos concientes de los primeros momentos. Somos invadidos por otras conciencias de erizos, que nos lastiman en cada caricia. Somos inmediatamente colonizados por las sensaciones de los otros. Aculturizados por las influencias de nuestro entorno: mundo y personas. Nuestra predisposición genética ni siquiera nos pertenece. Somos la herencia de dos predeterminaciones. Somos ajenos. Somos un otro. Toda compañía es provisoria. La vida es única. Singular. La pluralidad es una contingencia. La muerte es inevitable. En ese instante de partida, no importa cuántas personas nos rodeen o tomen de la mano, en ese justo instante final, estamos solos. Partimos solos. Nadie nos acompaña hacia el oscuro reino, el viaje es en solitario. Venimos solos, y solos nos vamos. El acompañamiento en la travesía es una ficción amable. Ellos también están solos. Todos estamos solos. Nuestras soledades, acompañándose, nos generan el drama de la cercanía. Nuestras soledades, cercanas, nos generan la leyenda del romance. Todos, estando solos, caemos a la tentación sutil de creer que la soledad es imposible. Pero no hay nada más posible que la soledad. El Ser de Parménides, está solo. Somos parte de esa grandiosa soledad. La llama heraclítea, está sola. Somos la consecuencia de ese misterioso ardor. Seres que padecen un ardor antiguo. Una conciencia acalorada. Un padecer primitivo, caliente como el vientre de una estrella. Criaturas de pasiones finitas, naturalemente condenadas a cadena perpetua. Jaula de carne, cuerpo de puertas abiertas. Mediante la jaula obtengo la libertad de escaparme de ella. De volar. Carne estremecida, cálido recipiente de cariño. Mediante el cuerpo puede ejercerse la más noble libertad. La determinación del placer. Hacer de la existencia fútil, un reino de goces infinitos. Es así como establecemos en el mapa corpóreo, que las pasiones finitas contienen en sí mismas una sensación infinita. Esta es la paradoja del sentimiento. Pasiones que se extinguen, y que mientras duran, duran para siempre. El símbolo del falo radiante. El monte de Venus acalorado. Geografias dignas de ser exploradas más de una vez. Porque nadie se baña en la humectación del mismo cuerpo dos veces. El mundo nos espera en un abrazo fraterno y sexual, para proseguir, en soledad, con la obra melancólica de la evolución, indiferente a la vida y la muerte, altiva. La arrogancia de la belleza consiste en la extrapolación de su fascinación hacia el sorpresa de la muerte. Allí florece la soberbia del deseo. La última expresión de la humanidad. La curiosidad por el otro. Por lo otro. La incentivación a conocer los límites del mundo, del lenguage, del cuerpo. Una apología al dolor. Un canto a la vitalidad.
Fluye el río, caen las hojas y nadan los peces... libres sólo bajo el agua. Algunos son dorados, otros son plateados, de distintos colores como si un pintor los hubiera pintado, como si de algún arco iris hubierase él inspirado. Sus ojos azules no podían ver el mar... así que cerró los ojos y en él dejóse caer. Y allí fué que en un instante y para siempre, verdaderamente libre fué.
viernes, 9 de diciembre de 2016
jueves, 8 de diciembre de 2016
XX
A veces entiendo
a quien parte para siempre
En estas horas
donde la luz desaparece
donde la música se acaba
hay un silencio inquietante
se deja ver el vacío de todo.
Ahora también sé
me estoy predisponiendo a partir
lentamente, determinando
mi destino manchado
y un día abriré los ojos negros
y no lo pensaré, no pensaré más
simplemente me dejaré partir
-yo que no pertenezco a ningún lado-,
irme para siempre
al modo del águila que extiende vuelo
desde la lúa que lo porta.
a quien parte para siempre
En estas horas
donde la luz desaparece
donde la música se acaba
hay un silencio inquietante
se deja ver el vacío de todo.
Ahora también sé
me estoy predisponiendo a partir
lentamente, determinando
mi destino manchado
y un día abriré los ojos negros
y no lo pensaré, no pensaré más
simplemente me dejaré partir
-yo que no pertenezco a ningún lado-,
irme para siempre
al modo del águila que extiende vuelo
desde la lúa que lo porta.
lunes, 5 de diciembre de 2016
XIX
Grazna un pájaro negro
en una jaula
Yo, dice, y para decir
vuela
Gira el cuerpo caliente
en la nieve
Desciende, negro ocaso,
emplumado sol,
Sobre la pendiente
del sueño fresco
Grazna un pájaro negro
en una jaula
Es en el cielo
negrura, libertad, amor;
Recuerda en su encierro,
por las noches,
La blancura de sus fantasías,
las nubes sobre el períptero
Y llora en silencio su conciencia,
ese cielo que vuela alejado de él.
en una jaula
Yo, dice, y para decir
vuela
Gira el cuerpo caliente
en la nieve
Desciende, negro ocaso,
emplumado sol,
Sobre la pendiente
del sueño fresco
Grazna un pájaro negro
en una jaula
Es en el cielo
negrura, libertad, amor;
Recuerda en su encierro,
por las noches,
La blancura de sus fantasías,
las nubes sobre el períptero
Y llora en silencio su conciencia,
ese cielo que vuela alejado de él.
sábado, 3 de diciembre de 2016
XVIII
Un hombre que no tiene patria es un hombre que puede pensar correctamente. Correcta es la forma de pensar que ataca al sistema establecido. Incorrecta es la sumisión política a un sistema que nos destripa los sueños lentamente, al modo de un cigarrillo desintegrándose al pasar del tiempo. El sutil veneno, aquel que legitima el sistema económico que también es político, mediante la inercia, y la pasividad política ciudadana, fuera de las organizaciones partidarias.
La falta de energía del pueblo, ese conjunto de individuos, acalorados por lo cotidiano, se desprende de la cotidianidad política que los ataca constantemente. Están rodeados. La vida se transforma así en un campo de batalla. Los ataques continuos del enemigo debilitan la voluntad en las trincheras de los hombres y las mujeres que han decidido luchar; ahora, imagínenlo en aquellas personas que no lo han decidido.
La fuente de la ignorancia, es la contrapartida de la fuente de la sabiduría. Esta implicación por oposición parece obvia, pero adquiere sentido cuando observamos el lento perecer popular al que se sume una nación o el mundo.
Civiles que optan por beber de la legitimación de un sistema absurdo. Difícil será encontrar las justificaciones de semejante accionar. ¿Posición de clase? ¿Ausencia de conciencia de clase? ¿Privilegios de la burguesía? ¿Estupidez cultural? ¿La norma de la tradición de prejuicios políticos funcionales al basamento económico del establishment? Las preguntas pueden continuar.
Hay que vacunar al pueblo contra la inercia.
La pasividad de los enfermos debe tornarse en la agresión del hombre sano. Las mujeres también deben ser guerreras. Ellas están despertando primero. El sistema socio-patriarcal está sólidamente unido al sistema capital-económico y político. Unidos por la voracidad, la gran cultura lxs oprime. Si queremos dejar de ser oprimidos por los mismos de siempre, década tras década, no queda más remedio que levantarse.
Desde hace tiempo que hemos sembrado la semilla de la rebelión. Es hora de recoger sus frutos. Es hora de despertar rabiosos. Ansiosos de victoria. Pacientes de gloria. Destrozar al enemigo con la inteligencia y la inflexibilidad. Asegurarse el mundo. Conservar el terreno ganado. El primer terreno político es el cuerpo. Es la primera parcela de carne que hay que empoderar. Autogobernarse. Aplicar un sistema ético y político cuyas bases sean humanistas. Es decir, que incluya al socialismo y al feminismo. Que incluyan las luchas por la libertad y la justicia racionales. El comunismo científico tiene que retornar. El peso de la realidad tiene que derrumbar las espaldas de los grandes capitalistas. Los mitos, con los cuales nos han engañado largamente, deben desaparecer. Serán luego leyendas de realismo mágico que les contaremos a nuestros nietos. Las futuras generaciones tienen que estar preparadas para defender el mundo, de la tiranía de la ignorancia y el capricho. Aquellos ángeles oscuros que nacen de la ignorancia y la apatía, a raiz de una educación defectuosa y mítica.
La chispa de la explosión total es la poesía.
Extender el terreno de lucha de mi cuerpo al terreno que habitan los cuerpos, es menester. Autogobernarnos. Extender la justicia. Extender la libertad. Tenderle la mano a la razón, a las sensaciones de las cuales se emerge victoriosa el raciocinio de una conciencia nueva.
La relaciones afectivas; la alimentación: lo personal es político.
La lucha se extiende. La sociedad, ese conjunto de personalidades, se politiza. El sueño se cubre de estrellas que sueñan. ¿Qué lucha puede perecer, si el guerrero, todas las noches, aún después de la victoria, sigue mirando la noche estrellada? Ellas son el símbolo de la esperanza. En el vientre de esas mágicas perlas arrojadas al vacío, nos gestamos nosotros. Su vientre fue el caldo de cultivo de nuestra vida. Su brillo nos perló las pupilas de pequeños sueños de cantos y esperanzas. Su ardor, nos iluminó la senda de la lucha. Su fuego yace límpido en nuestros corazones, rebosantes de pasión alejandrina. Somos guerreros pero también somos poetas.
Un luchador tiene que ser también un artista.
La militancia formal implica la afiliación a una organización específica. La militancia informal implica la afiliación a la responsabilidad ciudadana, en el día a día. Ambas son sumamente importantes, y por ambas la cultura se transforma. Alcemos la mirada al horizonte, para abarcar todos los caminos. Todo lo que es personal. Todo lo que es político. El mundo que habitamos, el mundo que nos habita. Encontrar esa leve comunión entre los opuestos, es encontrar esa armonía perdida en el tiempo. Es conciliar a Apolo con Dionisos. La forma con la ebriedad. El cuerpo con la pasión. Emerger del mundo de las ideas, al mundo de la acción.
Lucha y el mundo será tuyo. No te rindas jamás. A lo largo del transcurso de la existencia, los que ya se han rendido intentarán atraparte, convencerte por temor a ser abandonados por la evolución de la conciencia. No seas piadoso. No puedes renunciar a tu esperanza por el temor a la soeldad de los que ya la han perdido. Enséñales que todavía no es demasiado tarde. No abandones tus ideas, perfecciónalas. No busques la caridad, sino la igualdad de condiciones. El capitalismo necesita de la pobreza para existir. Es nuestra tarea construir un sistema que sólo necesite de la valentía y la inteligencia, para existir. No de la cobardía que excluye por temor a perderlo todo. Ahora es tarde para esos miserables de la sinarquía internacional: lo perderán todo. ES NUESTRO EL MUNDO, y nuestro será el acto de recuperarlo.
Tú eres todos.
Lucha hasta el final. Las pequeñas acciones son las primeras piezas del efecto dominó. Aunque el tiempo sea demasiado grande a tus pupilas. Tu sueño es demasiado grande a los ojos del tiempo.
Cada corazón rebosante de sangre es un tambor que suena aguardando la victoria. Que tus acciones sean música. Que tus palabras sean prosa. Que tu verbo sea la razón. Que tu mirada sea ética. Sé humano, es tu deber serlo.
Todos están también en ti.
Lucha hasta el final.
sábado, 26 de noviembre de 2016
XVII
Varanus
¡Ah!, ¡la sangre que aplaude!
¡Un recital de pasiones!
Mil cristos desangrados
en las pupilas de los ojos de azufre,
tierno elemento de la desintegración;
Luna quebradiza de verano
reflejando huellas de polvo en el
corazón
del monstruito silencioso que la mira.
Soy un silencio. Dice la sombra.
Dice la sombra que callemos
ante la enorme luz de ese satélite
que sintoniza todos nuestros desamores.
Sombra que sombrea pasiones,
cuyos ojos brillan cuando siente
la daga pálida que atraviesa a su mirada,
latente noche
y lluvia de rincones sobre la ciudad.
Hoy la música se rompe,
la Cruz se vacía, la sangre se seca,
cuervos de café se posan, altivos,
en los postes húmedos
señalando con el pico en cuarto creciente
las luces artificiales rodeadas por insectos.
Así yace la fresca noche solitaria,
ebria de estrellas
ansiando la perdición
en cuantas copas de ajenjo
o hidromiel hechizada
quepan entre sus párpados de canela,
en su piel candente de diciembre
en sus deditos de vidrio
pintados con pequeños besos nocturnos,
inmortales palomitas de vacío.
viernes, 17 de junio de 2016
XVI
Erofilia
En junio mis ojos tiemblan. Mi corazón que no sabe amar, ama. Nunca supo amar mi corazón. Mis ojos siempre fueron dos estrellas que pretendían mantener viva la cálida luz del pequeño fuego de la esperanza. Solitario en medio del abismo. Un corazón muerto en medio del espacio, todavía brillaba comprendiendo la eternidad. Todavía brilla comprendiendo a una mujer.
Escuchando Discovering Lemongrassmusic por primera vez, dejándome sorprender por los sonidos, contemplo la sorpresa del silencio. El símil ausente de la posibilidad. La imagen tácita de todas las posibilidades. Frente al monitor mi mirada se contuvo temblorosa, antes de comenzar a serme palabra. Antes de emprender esta absurda imposibilidad transcriptiva. La sensación pura es la antítesis de la palabra. Soy un espiral ahíto en deseo que desciende al abismo con el corazón lleno de miel. Lleno de sus ojos. Lleno de esa calidez extraña que sólo atrae a extraños corazones. Te pienso. Me digo. Te recuerdo. Me digo. Mi decir siente. Te digo, me siento, me digo. Te siento, me estoy diciendo. No hay más palabras en el núcleo de los sentimientos nocturnos, pero encuentro verbos humedecidos en esta noche. Te siento, me dije. ¿Cómo expresar el tiempo desde donde el tiempo no es tiempo? Te amo. Te amo, me digo y me dije y te dije y me diré y nos diré y te digo siempre en cada palabra en cada aliento en cada adjetivo acariciándote el caparazón rojo de tu corazón pálido. De una luna nacen tus sensaciones. Todavía es de noche en este mundo...
En tu cuerpo supe ver la ternura, el amor y la carne. Mis labios extrañan los tuyos, en esta eternidad fragmentada por el tiempo, detrás del velo de todo yo. En mí, hoy es siempre ayer, presente, y mañana. ¿Es que no extrañan tus labios aunque sea un céntimo los míos? Soy un extranjero perdido en el feroz bosque de este mundo. Soy un niño. La predicción de Zoroastro, que no supo sin embargo entrever mi corazón suicida. Soy también el niño Horus, que ama apasioandamente y amará apasionadamente a ti, mi apreciada estrella. A ti, mi cruz eterna. Mi llave al paraíso. ¡Y soy yo también tu llave! No temas. El tiempo es nuestro. Cuando nos conocimos nos supimos niños, juguetones pequeños en esta vida. En este destino en este mundo en esta noche. ¿Y no permanece el corazón aunque el corazón lata? Latir es movimiento, es fluir; somos un río de sangre, de pasión. Dejémonos llevar juntos al aniquilamiento del alma. Nuestro amor será nuestra destrucción que será nuestra creación nuestro principio y fin, la explosión de todas las contradicciones. La parálisis del movimiento y la quietud. El entendimiento que se esconde detrás del entendimiento. Los gatitos más sabios nos dicen: «acariciame, que yo soy la fuente de toda la sabiduría». ¡Oh Thot! ¡Oh Hathor! Hay que estar por delante del verbo. ¡Oh mujer! ¡Oh diosa de carne! ¡Oh tímida ninfa! Lejano nos es el juicio pero...¿qué sabemos nosotros de distancias? Tantas tiernas caricias te he regalado y tantas otras te regalaré, si me lo permites. Te obsequiaré también un amuleto para el otro mundo, un escarabeo turquesa donde también estará la fragancia de mi corazón antiguo. Quisiera abrazarte tanto... Quisiera que me abraces tanto...
Una vez dije —¡hace segundos como si fuesen siglos!—: Siempre fui un extranjero... Un solitario. Un lobo tierno que camina junto a la luna perdido en la selva del sistema que nos destroza lentamente. Esperando ser devorado, descuartizado por el tiempo y la autodestrucción de un corazón oscuro. Mi carne oscila entre el aniquilamiento y el amor. Que en el fondo no es más que lo mismo.
En estas noches malditas, ¡las antesalas del invierno!, el fantasma de un beso japonés te besa viajando desde Barracas hasta Balvanera. La suavidad del cariño te desgarra el alma. Espanta al miedo y ven conmigo al abismo del autoaniquilamiento, que si me tomás de la mano sabremos renacer juntos.
No obstante un hoy, detesto la pasión al menos en la escritura. ¿A dónde me ha llevado ese padecer? Siempre me ha llevado al abandono. Como si no fuese suficiente ser un marginado. En la madrugada del origen de este fin de semana largo, me debato entre el ritmo de esta entrada que es una expresión: una melancolía apacible o una ferviente pasión. Por momentos es imposible indisociarlas. Pero mis movimientos son lentos cual los de un gato anciano. Mis tiempos suelen comenzar bajo el amparo de Saturno. Mis corazón rueda maltratado sobre los anillos sutiles de tan triste astro. Mi espíritu que es de carne y piel, mucha piel —así lo entendemos los descifradores de los códigos herméticos—, vaga en espirales por el universo. Perdido en besos infinitos. En tus besos. En el dolor de la nostalgia.
Esperaré sin embargo todo el tiempo del mundo, si es necesario. Para estar a tu lado. Sé que nuestros túneles de realidad no están afinados en la unidad sagrada, pero una vez que se entrelacen, ¡porque ya se han cruzado!, seremos inmortales. Juntos en el pantano o en los cielos. Caminaría a tu lado aún si nos dirigiésemos al fin del mundo. ¿Dónde está el amor si esto no es amor? Lo digo yo que he sufrido las mil batallas en el tablero de la existencia. Peregrino de los desiertos del ánima. Cuánto ,cuánto, cuánto poder y cariño, cuánta sexualidad y suspiros, se ocultan detrás de nuestros ojos, de nuestros ojos que tiemblan de amor solitario en este mundo tan frío de muerte y abandono...Pequeñas estrellitas que brillarán por siempre aún estando muertas.
miércoles, 13 de enero de 2016
XV
Diatriba contra los tartufos
No han faltado en la humanidad las pécoras miserables que se abusaban de la ingenuidad y la inocencia del corazón; y, desafortunadamente para el buen gusto, nuestro tiempo no es la excepción.
Habló ya Charles Baudelaire, en su prosa La moneda falsa, sobre este tipo de bufones, que pretenden encontrar un rédito personal de la miseria, incluso pretendiendo engañar a sus acompañantes, sin temer que éstos sean aún más listos, y terminen por descubrir el verdadero rostro que se esconde detrás de la hipocresía. Ninguna careta se resiste a la aguda mirada de quien sospecha de la gente. Pero lo llamativo de esta anécdota literaria, es que el embaucador justificaba su pobre acción, creyendo realmente en ella. Es esta la verdadera ingenuidad de quien pretende ser genuino. Y para nuestro buen gusto no se justifica semejante necedad. Aquella misma que termina por dañar a quienes honestamente se acercan a explorar el pantano, confiando en su capacidad para encontrar luz incluso en la miseria de la conciencia, al evidenciar la ausencia de tacto, una máscara vulgar, la moralina de la inmoralidad, la imagen, la representación de un equívoco católico, lo nocivo para los misteriosos ojos que se acercan con cautela, y más temprano que tarde, finalizan por descubrir un corazón podrido. Aquel que conoce lo absurdo de su irracionalidad, y no obstante la abraza, caprichosa y dogmáticamente, haciendo vomitar a Zaratustra, quien en Del árbol de la montaña desprecia a quienes arrojan de sí su amor y su esperanza, ¡su nobleza!, su heroísmo, al desertar de aquellos frentes en el alma en donde más se necesita la templanza y la ferocidad; convirtiéndose en meros destructores, insolentes, atañados de la burla, de los oropeles del libertinaje, del conservadurismo de todos los defectos, de la debilidad del espíritu (¡qué alguien los ayude a perecer!). De este modo, tras la pluma de Friedrich Nietzsche, expresa: calumnian todas las esperanzas elevadas, viviendo insolentemente en medio de breves placeres, ¡que sin embargo son egoístas!, fieles figuritas del individualismo capitalista burgués, al reproducir el interés propio de una creación que se entiende como tal, pero que se encuentra a años luz de serlo. Con las alas del espíritu quebradas por la sumisión a la voluptuosidad, fundamentando las inclinaciones del rebaño con una precoz filosofía juvenil o pseudofilosofía, digna de semejante malcriado, arrastrándose de un lado para otro manchando todo lo que roe; libertinos, juegan a ser, pregonando el horror y la pesadumbre que para ellos es el héroe, aquel que es capaz de decapitar al dragón, o a Medusa, o asesinar al Minotauro. Aquel que triunfa en las sombras de la conciencia. A quien desprecian porque no pueden triunfar, y antes de tener la suficiente valentía para enfrentarse a sus demonios, les tiembla el pulso y ceden, se arrodillan ante la humillación, sumiéndose en aquello que temen enfrentar, rindiéndose cual auténticos cobardes. Yo y mi espíritu japonés, alentado por el gran desprecio, los menospreciamos. Son la desgracia de toda lucha. Los que le rinden culto a lo humillante, los que hacen del sufrimiento un culto. Quizás por no haber sufrido demasiado, algo típico en los niñitos de la burguesía.
Fascinados por la ignorancia, encantados por el oscurantismo, presumen de cuestionar ideales que ni siquiera comprenden, demostrando su incomprensión en patéticas letras que no hacen más que expresar, una y otra vez, su patética justificación del vicio y de la debilidad. Cayendo en un extremo, en el opuesto de aquello a lo que se dicen oponer: ésa es la otra moral. O cual he dicho en otra ocasión: hacer de la inmoralidad una moralidad. Semejantes farsantes no tienen el valor para despegarse de toda moralidad, y encarar la ética del corazón, de frente. Y como ellos no pueden pretenden arrastrar a todos a su propia miseria, quizás para no sentirse demasiado solos, o quizás para establecer que también existen otros igualmente basuras que ellos. Se sorprenden cuando los esquivan. Ilusionados, inventan un entendimiento, algo que los redima de la verdad. Son escapistas. Se escapan de afrontar su propia verdad, la niegan, como los predicadores de la muerte, para no tener que luchar, lucharse.
La unidad universal, el Campo de Higgs, los análisis sistémicos de la realidad, no hacen más que evidenciar que la desunión es una ilusión. Pero la enfermedad del solipsismo ha hecho estragos en el pensamiento. Los delirios del buen burgués sobre el existencialismo le han causado mucho daño a la filosofía. La totalidad nunca persigue un fin. De lo contrario lo que es, no estaría equilibrado nunca: pues la energía nunca se pierde. Estos inútiles supersticiosos que necesitan de un fin, aquí, o allá, algo que sostenga la miseria, su desprecio por el otro: su antipatía que causa daño a quienes hacen el esfuerzo de quererlos. Pero nadie con dos dedos de frente insiste en tropezar con la misma piedra dos veces. Útiles pasiones las de su obrar: el basamento sofista de sus propias existencias. Falsa ambigüedad.
Son los carniceros que pronto se extinguirán. Al menos según las predicciones del transhumanismo, entre el 2049 y 2071, en La era de las máquinas espirituales. Ya no tendrán en donde meditar. Si les da el pulso, serán asesinos. De lo contrarios, su cobardía se desnudaría espantosa. Desafortunadamente, para ese entonces estarán muertos. Pequeñitos inservibles esclavos del deseo y la pasión. Jamás supieron domar esas fuerzas que esclavizan a los hombres. El pleno padecer, el rendirle devoción a la inarmonía, cual si tal cosa existiese. Ficción del subjetivismo.
Si no son agotadores ellos mismos para sí, fantasmas descuidados adictos a la merca, menos lo serán para nosotros, que apenas les echamos ojo para despreciarlos. Jamás serían capaces de animarse al ardor de una mujer con todas las letras, de una hembra que haya conciliado el último ideal: El matrimonio del cielo y el infierno.
Es necesario que hoy revindiquemos que podemos conocer aquello que llamamos 'nosotros mismos'. Que aunque fluya el río y no sea el mismo, no deja de ser río. Empero no hay que ser un timorato ignorante. Con el temple de un músico, tenemos que establecer el leitmotiv de nuestra propia sinfonía. Allí radica el inicio del conocimiento. En cuyo primer paso comenzamos a establecer: esto es la creación. En el acto mismo de crear, dilucidamos nuestra existencia, la transitoriedad total de nuestra existencia, el devenir de nuestro existir, que sin embargo no deja de ser un Yo, del mismo modo que el río no deja de ser río, hasta que se seque. Así como el matemático en su arte encuentra los patrones en la sucesión de Fibonacci, nosotros mismos debemos hacernos cargo de nosotros mismos: y encontrar nuestros propios patrones de nuestro propio número pi: que sin embargo es el mismo para todos, ¡pues allí se hace posible la creatividad! De este modo es deductible decir: podemos dirigir nuestros propios sueños y nuestros propios deseos. A menos que carezcas de creatividad y, por supuesto, de actitud belicosa.
'Inconsciente' nombra lo oculto. Lo que yace oculto por debajo de lo que es conciente. ¿O quizás lo que yace por encima de lo que es conciente? ¿O es que semejantes opuestos no son más que lo mismo? Como es arriba, es abajo. Dicho esto, si uno es conciente, si realmente lo es, ¿cómo podría, entonces, ser "sorprendido" por el inconsciente? Si es sorprendido, significa que no es conciente. Entonces es un inconsciente. ¿El inconsciente sorprendiendo al inconsciente? Algo así como el imbécil insultando al imbécil. Una querella de manual en el rebaño. De aquellos que sólo son hablados.
Yo es otro, es unidad. Otro, soy yo. Es totalidad. Por ello somos pensados, quienes nos arrojamos a ese abismo de luces. No quienes fantasean con el abismo sin haberlo conocido: jugando con supuestas rosas vírgenes e imitando a los maestros. Plagiando sus corazones.
No sólo somos elegidos por la poesía, como creerían los imberbes, sino que al mismo tiempo la elegimos a ella. No hay otro modo en lo Uno. De este modo estamos condenados a ser libres. No hay sufrimiento sino pesar. La diferencia radica en la voluntad. Cual aquella que es capaz de poseer Sísifo, en lugar de doblegarse. Hay allí una elección. Y no hay desconcierto posible para quien se descubre vidente. Para quien ejerce su palabra por delante de la acción.
Estas criaturas, que no son más que reemplazo y sustitución, que nada entendieron de los versos decadentes, simulan su entendimiento y pretenden imitarlo, terminando, por semejante falsedad, no más que imitando una imagen falsa, o exagerada de los defectos, a modo lúdico y banal, a estas criaturas hace alusión Camille Mauclair cuando ataca la peste del baudelarismo, y explicando minuciosamente por qué el mismo Charles despreciaría a estos tartufos que pregonan la altanería y el asqueroso dandysmo.
No hay paradoja en el yo. Sólo ilusionismo. Un error cognitivo. La intimidad no titila cual una estrella lejana, muy por el contrario, como la Luna, canta en silencio una melodía pálida que sólo puede ser oída en el corazón de la noche, por los hijos de la noche. El espejismo proyectado por un sueño soñado, refleja la ausencia de la capacidad para soñar. Nadie que sepa de la intimidad, no puede soñar. El ajeno que no descansa, ése es el uno mismo: quien teme descubrirse a sí; descolgar la máscara frente al espejo de su baño.
YHWH: Yo soy el que se trabaja a sí mismo. O, lo que es lo mismo: Yo Soy. En esa determinación poéticamente divina, se expresa al mismo tiempo la unidad, la totalidad, lo uno, el otro, y el yo, incluso todo, y nada. Muerte, y vida. El arco y la lira. Los supuestos opuestos. Somos nativos y extranjeros siempre. Todo ésto es lo que significa Je est un autre. ¿Se atreverán, sin embargo, estos imitadores del decadentismo, romper algún día las cadenas, rebelarse contra su propia esclavitud? ¿O es que acaso vivirán hasta la muerte temiéndole al desierto?...
El sentido común jamás reduce al otro como un desconocido conocido: siempre el otro es el desconocido. El conocido siempre es uno, y más conocido es, por lo tanto, quien más cerca esté a ese uno. El sentido común no persigue a nadie: sólo persigue deseos. Es el perro y su sarna. El hámster y su rueda.
Para quien se enorgullece de su propia ignorancia, quien pone en un altar el oscurantismo, lo desconocido debe permanecer intacto. Inmaculado, cual un santo del cristianismo. Pero ese hacer pensar que experimentan no es más que un velo del más profundo pensamiento. Porque no piensan. Sólo se regodean entre sombras, entre balbuceos y retórica medieval, que acrecienta el propio orgullo y la necia capacidad de aceptar críticas. El cobarde jamás está dispuesto a luchar. Por eso establece dogmas, y los defiende condenando, señalando mediante su falso arte, el gran engaño, el signo de interrogación en el otro, en los otros, que ponen en tela de juicio su charlatanería. Así, engañando, es como suponen alojar a lo desconocido, casi astuto eufemismo para abrazar el oscurantismo retrógrado.
La única potencia subversiva que importa no la que se des-sujeta del sentido común, sino aquella que lo destruye. Y no sólo al sentido común, sino a esos otros sentidos que no hacen más que manchar de mierda el camino de la nobleza guerrera, que sin parpadear los decapitaría en el frente de batalla.
El derecho de la recepción de lo otro, o de la diferencia, es lo obvio que omiten las conciencias separadas del mundo. La experiencia de lo irreducible es la sensación de lo infinito, lo que se resiste a los divagues de los charlatanes que aspiran a crear al menos una canción talentosa en sus vidas neoliberales.
Tautologías sin sentido. Y aún así, pregonan sobre lo misterioso, ¡aquello que tanto desearían conocer!, si tuviesen el valor de hacerlo. Lo arrojado desde ese algo que estos pobrecillos llaman 'nada', metafísica de bazar, donde lo impersonal no es más que una aspiración intelectualoide, irónicamente desprovista de razón, en lo cual lo desquisiado no es más que una pose, una posición de lo que vive fuera de sí, sobre lo que ellos no se animan a clasificar. Conocidos y contaminados, engañados por su propia miseria. Si tuvieran algo de dignidad, se ahoracrían con su propio cinturón, como Nerval, en un oscuro callejón de la capital.
Nadie es puro. Nadie es impuro. La pureza no existe, porque existe lo Uno. La unidad. En ese espectro ideal de la separación, del desligue, en la idealización de lo alejado, es donde existen las clasificaciones arbitrarias de lo impuro y la pureza. Calificativos de un crío. Ningún hombre, ninguna mujer, i.e., ningún animal es decente. La creencia en la decencia es el último consuelo de los hombres sin gracia, sin encanto. Su fe me repugna. Pero es entendible: necesitan de sus dogmas para poder abrazar su moral. La moralina del bufón. La reproducción par excellence de una cultura enferma, horriblemente alienada. Es en el seno de esa enajenación donde se les cae la baba por el botox y las siliconas, típica consecuencia de la ausencia de la elegancia. Estoy perdiendo la paciencia y pensar un poco más en ellos me haría vomitar. Me consuela saber que algún día tendrán que desaparecer del mundo, como todos.
No han faltado en la humanidad las pécoras miserables que se abusaban de la ingenuidad y la inocencia del corazón; y, desafortunadamente para el buen gusto, nuestro tiempo no es la excepción.
Habló ya Charles Baudelaire, en su prosa La moneda falsa, sobre este tipo de bufones, que pretenden encontrar un rédito personal de la miseria, incluso pretendiendo engañar a sus acompañantes, sin temer que éstos sean aún más listos, y terminen por descubrir el verdadero rostro que se esconde detrás de la hipocresía. Ninguna careta se resiste a la aguda mirada de quien sospecha de la gente. Pero lo llamativo de esta anécdota literaria, es que el embaucador justificaba su pobre acción, creyendo realmente en ella. Es esta la verdadera ingenuidad de quien pretende ser genuino. Y para nuestro buen gusto no se justifica semejante necedad. Aquella misma que termina por dañar a quienes honestamente se acercan a explorar el pantano, confiando en su capacidad para encontrar luz incluso en la miseria de la conciencia, al evidenciar la ausencia de tacto, una máscara vulgar, la moralina de la inmoralidad, la imagen, la representación de un equívoco católico, lo nocivo para los misteriosos ojos que se acercan con cautela, y más temprano que tarde, finalizan por descubrir un corazón podrido. Aquel que conoce lo absurdo de su irracionalidad, y no obstante la abraza, caprichosa y dogmáticamente, haciendo vomitar a Zaratustra, quien en Del árbol de la montaña desprecia a quienes arrojan de sí su amor y su esperanza, ¡su nobleza!, su heroísmo, al desertar de aquellos frentes en el alma en donde más se necesita la templanza y la ferocidad; convirtiéndose en meros destructores, insolentes, atañados de la burla, de los oropeles del libertinaje, del conservadurismo de todos los defectos, de la debilidad del espíritu (¡qué alguien los ayude a perecer!). De este modo, tras la pluma de Friedrich Nietzsche, expresa: calumnian todas las esperanzas elevadas, viviendo insolentemente en medio de breves placeres, ¡que sin embargo son egoístas!, fieles figuritas del individualismo capitalista burgués, al reproducir el interés propio de una creación que se entiende como tal, pero que se encuentra a años luz de serlo. Con las alas del espíritu quebradas por la sumisión a la voluptuosidad, fundamentando las inclinaciones del rebaño con una precoz filosofía juvenil o pseudofilosofía, digna de semejante malcriado, arrastrándose de un lado para otro manchando todo lo que roe; libertinos, juegan a ser, pregonando el horror y la pesadumbre que para ellos es el héroe, aquel que es capaz de decapitar al dragón, o a Medusa, o asesinar al Minotauro. Aquel que triunfa en las sombras de la conciencia. A quien desprecian porque no pueden triunfar, y antes de tener la suficiente valentía para enfrentarse a sus demonios, les tiembla el pulso y ceden, se arrodillan ante la humillación, sumiéndose en aquello que temen enfrentar, rindiéndose cual auténticos cobardes. Yo y mi espíritu japonés, alentado por el gran desprecio, los menospreciamos. Son la desgracia de toda lucha. Los que le rinden culto a lo humillante, los que hacen del sufrimiento un culto. Quizás por no haber sufrido demasiado, algo típico en los niñitos de la burguesía.
Fascinados por la ignorancia, encantados por el oscurantismo, presumen de cuestionar ideales que ni siquiera comprenden, demostrando su incomprensión en patéticas letras que no hacen más que expresar, una y otra vez, su patética justificación del vicio y de la debilidad. Cayendo en un extremo, en el opuesto de aquello a lo que se dicen oponer: ésa es la otra moral. O cual he dicho en otra ocasión: hacer de la inmoralidad una moralidad. Semejantes farsantes no tienen el valor para despegarse de toda moralidad, y encarar la ética del corazón, de frente. Y como ellos no pueden pretenden arrastrar a todos a su propia miseria, quizás para no sentirse demasiado solos, o quizás para establecer que también existen otros igualmente basuras que ellos. Se sorprenden cuando los esquivan. Ilusionados, inventan un entendimiento, algo que los redima de la verdad. Son escapistas. Se escapan de afrontar su propia verdad, la niegan, como los predicadores de la muerte, para no tener que luchar, lucharse.
La unidad universal, el Campo de Higgs, los análisis sistémicos de la realidad, no hacen más que evidenciar que la desunión es una ilusión. Pero la enfermedad del solipsismo ha hecho estragos en el pensamiento. Los delirios del buen burgués sobre el existencialismo le han causado mucho daño a la filosofía. La totalidad nunca persigue un fin. De lo contrario lo que es, no estaría equilibrado nunca: pues la energía nunca se pierde. Estos inútiles supersticiosos que necesitan de un fin, aquí, o allá, algo que sostenga la miseria, su desprecio por el otro: su antipatía que causa daño a quienes hacen el esfuerzo de quererlos. Pero nadie con dos dedos de frente insiste en tropezar con la misma piedra dos veces. Útiles pasiones las de su obrar: el basamento sofista de sus propias existencias. Falsa ambigüedad.
Son los carniceros que pronto se extinguirán. Al menos según las predicciones del transhumanismo, entre el 2049 y 2071, en La era de las máquinas espirituales. Ya no tendrán en donde meditar. Si les da el pulso, serán asesinos. De lo contrarios, su cobardía se desnudaría espantosa. Desafortunadamente, para ese entonces estarán muertos. Pequeñitos inservibles esclavos del deseo y la pasión. Jamás supieron domar esas fuerzas que esclavizan a los hombres. El pleno padecer, el rendirle devoción a la inarmonía, cual si tal cosa existiese. Ficción del subjetivismo.
Si no son agotadores ellos mismos para sí, fantasmas descuidados adictos a la merca, menos lo serán para nosotros, que apenas les echamos ojo para despreciarlos. Jamás serían capaces de animarse al ardor de una mujer con todas las letras, de una hembra que haya conciliado el último ideal: El matrimonio del cielo y el infierno.
Es necesario que hoy revindiquemos que podemos conocer aquello que llamamos 'nosotros mismos'. Que aunque fluya el río y no sea el mismo, no deja de ser río. Empero no hay que ser un timorato ignorante. Con el temple de un músico, tenemos que establecer el leitmotiv de nuestra propia sinfonía. Allí radica el inicio del conocimiento. En cuyo primer paso comenzamos a establecer: esto es la creación. En el acto mismo de crear, dilucidamos nuestra existencia, la transitoriedad total de nuestra existencia, el devenir de nuestro existir, que sin embargo no deja de ser un Yo, del mismo modo que el río no deja de ser río, hasta que se seque. Así como el matemático en su arte encuentra los patrones en la sucesión de Fibonacci, nosotros mismos debemos hacernos cargo de nosotros mismos: y encontrar nuestros propios patrones de nuestro propio número pi: que sin embargo es el mismo para todos, ¡pues allí se hace posible la creatividad! De este modo es deductible decir: podemos dirigir nuestros propios sueños y nuestros propios deseos. A menos que carezcas de creatividad y, por supuesto, de actitud belicosa.
'Inconsciente' nombra lo oculto. Lo que yace oculto por debajo de lo que es conciente. ¿O quizás lo que yace por encima de lo que es conciente? ¿O es que semejantes opuestos no son más que lo mismo? Como es arriba, es abajo. Dicho esto, si uno es conciente, si realmente lo es, ¿cómo podría, entonces, ser "sorprendido" por el inconsciente? Si es sorprendido, significa que no es conciente. Entonces es un inconsciente. ¿El inconsciente sorprendiendo al inconsciente? Algo así como el imbécil insultando al imbécil. Una querella de manual en el rebaño. De aquellos que sólo son hablados.
Yo es otro, es unidad. Otro, soy yo. Es totalidad. Por ello somos pensados, quienes nos arrojamos a ese abismo de luces. No quienes fantasean con el abismo sin haberlo conocido: jugando con supuestas rosas vírgenes e imitando a los maestros. Plagiando sus corazones.
No sólo somos elegidos por la poesía, como creerían los imberbes, sino que al mismo tiempo la elegimos a ella. No hay otro modo en lo Uno. De este modo estamos condenados a ser libres. No hay sufrimiento sino pesar. La diferencia radica en la voluntad. Cual aquella que es capaz de poseer Sísifo, en lugar de doblegarse. Hay allí una elección. Y no hay desconcierto posible para quien se descubre vidente. Para quien ejerce su palabra por delante de la acción.
Estas criaturas, que no son más que reemplazo y sustitución, que nada entendieron de los versos decadentes, simulan su entendimiento y pretenden imitarlo, terminando, por semejante falsedad, no más que imitando una imagen falsa, o exagerada de los defectos, a modo lúdico y banal, a estas criaturas hace alusión Camille Mauclair cuando ataca la peste del baudelarismo, y explicando minuciosamente por qué el mismo Charles despreciaría a estos tartufos que pregonan la altanería y el asqueroso dandysmo.
No hay paradoja en el yo. Sólo ilusionismo. Un error cognitivo. La intimidad no titila cual una estrella lejana, muy por el contrario, como la Luna, canta en silencio una melodía pálida que sólo puede ser oída en el corazón de la noche, por los hijos de la noche. El espejismo proyectado por un sueño soñado, refleja la ausencia de la capacidad para soñar. Nadie que sepa de la intimidad, no puede soñar. El ajeno que no descansa, ése es el uno mismo: quien teme descubrirse a sí; descolgar la máscara frente al espejo de su baño.
YHWH: Yo soy el que se trabaja a sí mismo. O, lo que es lo mismo: Yo Soy. En esa determinación poéticamente divina, se expresa al mismo tiempo la unidad, la totalidad, lo uno, el otro, y el yo, incluso todo, y nada. Muerte, y vida. El arco y la lira. Los supuestos opuestos. Somos nativos y extranjeros siempre. Todo ésto es lo que significa Je est un autre. ¿Se atreverán, sin embargo, estos imitadores del decadentismo, romper algún día las cadenas, rebelarse contra su propia esclavitud? ¿O es que acaso vivirán hasta la muerte temiéndole al desierto?...
El sentido común jamás reduce al otro como un desconocido conocido: siempre el otro es el desconocido. El conocido siempre es uno, y más conocido es, por lo tanto, quien más cerca esté a ese uno. El sentido común no persigue a nadie: sólo persigue deseos. Es el perro y su sarna. El hámster y su rueda.
Para quien se enorgullece de su propia ignorancia, quien pone en un altar el oscurantismo, lo desconocido debe permanecer intacto. Inmaculado, cual un santo del cristianismo. Pero ese hacer pensar que experimentan no es más que un velo del más profundo pensamiento. Porque no piensan. Sólo se regodean entre sombras, entre balbuceos y retórica medieval, que acrecienta el propio orgullo y la necia capacidad de aceptar críticas. El cobarde jamás está dispuesto a luchar. Por eso establece dogmas, y los defiende condenando, señalando mediante su falso arte, el gran engaño, el signo de interrogación en el otro, en los otros, que ponen en tela de juicio su charlatanería. Así, engañando, es como suponen alojar a lo desconocido, casi astuto eufemismo para abrazar el oscurantismo retrógrado.
La única potencia subversiva que importa no la que se des-sujeta del sentido común, sino aquella que lo destruye. Y no sólo al sentido común, sino a esos otros sentidos que no hacen más que manchar de mierda el camino de la nobleza guerrera, que sin parpadear los decapitaría en el frente de batalla.
El derecho de la recepción de lo otro, o de la diferencia, es lo obvio que omiten las conciencias separadas del mundo. La experiencia de lo irreducible es la sensación de lo infinito, lo que se resiste a los divagues de los charlatanes que aspiran a crear al menos una canción talentosa en sus vidas neoliberales.
Tautologías sin sentido. Y aún así, pregonan sobre lo misterioso, ¡aquello que tanto desearían conocer!, si tuviesen el valor de hacerlo. Lo arrojado desde ese algo que estos pobrecillos llaman 'nada', metafísica de bazar, donde lo impersonal no es más que una aspiración intelectualoide, irónicamente desprovista de razón, en lo cual lo desquisiado no es más que una pose, una posición de lo que vive fuera de sí, sobre lo que ellos no se animan a clasificar. Conocidos y contaminados, engañados por su propia miseria. Si tuvieran algo de dignidad, se ahoracrían con su propio cinturón, como Nerval, en un oscuro callejón de la capital.
Nadie es puro. Nadie es impuro. La pureza no existe, porque existe lo Uno. La unidad. En ese espectro ideal de la separación, del desligue, en la idealización de lo alejado, es donde existen las clasificaciones arbitrarias de lo impuro y la pureza. Calificativos de un crío. Ningún hombre, ninguna mujer, i.e., ningún animal es decente. La creencia en la decencia es el último consuelo de los hombres sin gracia, sin encanto. Su fe me repugna. Pero es entendible: necesitan de sus dogmas para poder abrazar su moral. La moralina del bufón. La reproducción par excellence de una cultura enferma, horriblemente alienada. Es en el seno de esa enajenación donde se les cae la baba por el botox y las siliconas, típica consecuencia de la ausencia de la elegancia. Estoy perdiendo la paciencia y pensar un poco más en ellos me haría vomitar. Me consuela saber que algún día tendrán que desaparecer del mundo, como todos.
viernes, 25 de diciembre de 2015
XIV
רזיאל
1° Es imposible abandonar la tristeza... Mientras más arriba, más abajo; mientras más abajo, más arriba. Sondear el cielo es conocer también el infierno. Sumergirse en el infierno es también conocer el cielo.
2° He estado tanto solo todo este tiempo... Así nacemos. Así morimos. Nada existe realmente. La eternidad... La soledad. Nada existe realmente.
3° En esos días festivos donde sólo suena basura, mi alma sufre. Todos se esfuerzan por destrozar la belleza. Me deprimen sus días de farsa. La lejanía en reuniones falsas, la esclavitud de todos los critales rotos...
4° Ya no existe la inmortalidad. Todo era un sueño. Morir y nada más. Con una sonrisa en el rostro mirando la Luna... Sabiendo que no hay nada más. Y que luego caemos al olvido eterno. Nada absoluta. Todo negro. Todo silencio.
5° Sin emabrgo aún extrañamente me alegra que las pocas personitas que quiero aún crean en los sueños. Que todavía exista gente que crea en la esperanza. Son jóvenes. Me dan ganas de abrazar a las personas que todavía tienen corazón, porque aún desde la sombra, amo la luz.
6° Todas las luces están apagadas aquí. Sólo la luz artificial del monitor, ilumina mi rostro pálido. Mi cuarto suele ser como una cueva, soy algo así como un ermitaño... Sin embargo no temo salir. Ni descender de la montaña, como el Sol.
7° Todavía amo. En otro tiempo, tu corazón me hubiera enternecido, hoy sé que sólo es una ficción. Todos lo son. La belleza eterna... Y eso que la eternidad es basura.
8° ¿No es tan divertido, verdad? Ser similar a un personaje. A alguien que no existe. A mucho nos cautiva una Ayanami Rei, pero es falsedad. Muchos no la soportarían. En la vida real. Sólo unos poquísimos la apreciaríamos con afecto. ¿Piensas que por eso la vida real es aburrida? Te estoy diciendo que en la vida real no la soportarías; por eso te sumergís en el mundo de la ficción. El ostracismo. Ustedes hacen la vida aburrida. He bajado apenas un instante la mirada a las sombras, y ya me percibes frío y distante. Apenas un ratito bajo la mirada a las llamas del infierno, y ya percibo tu incomodidad. ¿Y te crees poder lidiar con Ayanami? Ella sólo te causaría dolor... Y Amor. No deseo. Amor. Ten el valor de comprender el autismo y la alexitimia. No sólo te conformes diciendo que amas la existencia trágica, porque eso gusta creer. Soy un Ángel y estoy listo para ver arder el mundo. Ahora entiendo mejor que nunca la necesidad del Apocalipsis, no de la revelación, del fin del mundo.
9° Si tan sólo todo el mundo supiera ver la belleza que encarnan todas las cosas... El segundo de cada instante... Aún sabiendo que todo muere.
1° Es imposible abandonar la tristeza... Mientras más arriba, más abajo; mientras más abajo, más arriba. Sondear el cielo es conocer también el infierno. Sumergirse en el infierno es también conocer el cielo.
2° He estado tanto solo todo este tiempo... Así nacemos. Así morimos. Nada existe realmente. La eternidad... La soledad. Nada existe realmente.
3° En esos días festivos donde sólo suena basura, mi alma sufre. Todos se esfuerzan por destrozar la belleza. Me deprimen sus días de farsa. La lejanía en reuniones falsas, la esclavitud de todos los critales rotos...
4° Ya no existe la inmortalidad. Todo era un sueño. Morir y nada más. Con una sonrisa en el rostro mirando la Luna... Sabiendo que no hay nada más. Y que luego caemos al olvido eterno. Nada absoluta. Todo negro. Todo silencio.
5° Sin emabrgo aún extrañamente me alegra que las pocas personitas que quiero aún crean en los sueños. Que todavía exista gente que crea en la esperanza. Son jóvenes. Me dan ganas de abrazar a las personas que todavía tienen corazón, porque aún desde la sombra, amo la luz.
6° Todas las luces están apagadas aquí. Sólo la luz artificial del monitor, ilumina mi rostro pálido. Mi cuarto suele ser como una cueva, soy algo así como un ermitaño... Sin embargo no temo salir. Ni descender de la montaña, como el Sol.
7° Todavía amo. En otro tiempo, tu corazón me hubiera enternecido, hoy sé que sólo es una ficción. Todos lo son. La belleza eterna... Y eso que la eternidad es basura.
8° ¿No es tan divertido, verdad? Ser similar a un personaje. A alguien que no existe. A mucho nos cautiva una Ayanami Rei, pero es falsedad. Muchos no la soportarían. En la vida real. Sólo unos poquísimos la apreciaríamos con afecto. ¿Piensas que por eso la vida real es aburrida? Te estoy diciendo que en la vida real no la soportarías; por eso te sumergís en el mundo de la ficción. El ostracismo. Ustedes hacen la vida aburrida. He bajado apenas un instante la mirada a las sombras, y ya me percibes frío y distante. Apenas un ratito bajo la mirada a las llamas del infierno, y ya percibo tu incomodidad. ¿Y te crees poder lidiar con Ayanami? Ella sólo te causaría dolor... Y Amor. No deseo. Amor. Ten el valor de comprender el autismo y la alexitimia. No sólo te conformes diciendo que amas la existencia trágica, porque eso gusta creer. Soy un Ángel y estoy listo para ver arder el mundo. Ahora entiendo mejor que nunca la necesidad del Apocalipsis, no de la revelación, del fin del mundo.
9° Si tan sólo todo el mundo supiera ver la belleza que encarnan todas las cosas... El segundo de cada instante... Aún sabiendo que todo muere.
miércoles, 4 de marzo de 2015
XIII
La serpiente amada
A A. I.
Cubre de sombra mis besos, salpicándolos de magma;
Sos, a mis ojos, belleza, animal sagrado y tierno,
Bestia divina que supo atravezar una rosa
En mi corazón ardiente, derramando tanta sangre,
Como lágrimas arrojó Michivevá tras la muerte;
Allí florece, tierra fértil, el pecado en el infierno.
Contempla el deleite mágico, bajo el rojizo escarlata,
De las antiguas pirámides, al Oeste, erguidas y altivas,
Mi diamante vanidoso henchido en sangre y deseo;
Cuando sobre tu frente frágil, brilla la corona egipcia,
Tiembla el Sol ante el reflejo, potente, de tu corona.
Sacerdotisa de Amor, Diosa de todas Pasiones,
Sé mi Gran Esposa Real, seré Aquí tu faraón,
Sacra tierra de ilusiones, será dulce lecho copto;
Y Allí, nos, sólo cual dioses, reinaremos en el Cielo.
Así, con una sangrienta sonrisa, una caricia te esboza;
Mi Iniciación al Amor: tu Beso, tu succión súcuba,
Tu abrazo, perla rubí, húmedo de carne y hambre
Por todas cosas del mundo, ánima saciada jamás.
Serpiente emplumada con la pureza de los ángeles,
Cuyas plumas encandilan, límpidas, mi grácil vista;
Escribo justo a tu lado, privado de toda suerte,
Cual Dike, mas no sentencia, sino que: nuestro Destino.
Es así como oscilamos, descarriados, en el cosmos;
Estrellas perdidas como lágrimas al vil vacío,
Tiñendo de luz el sueño, anhelando el infinito.
Aún cuando los incrédulos te sospechaban mentira,
Antaño, enroscada en el Árbol, supiste brillar en sombras,
¡Ay! Tentando la pureza, tentando la carne débil,
Pues la verdad siempre triunfa, y en tu mirada reluce,
Y vos sos la gran Verdad, la encarnación de lo bello.
Vagaba yo en el desierto, otrora, y vos me has sanado;
Místico elixir de poetas, Santo Grial tu cuerpo pálido,
Muñeca de porcelana antigua de lejanas tierras,
Tu sangre húngara ansían mis labios crepusculares,
Y beber del Cáliz íntimo tu licor caliente sepia,
En la niebla solitaria de bosques abandonados.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
XII
El retorno
He vuelto, sin luz pero he vuelto.
Todavía puedo ver el Sol a lo lejos.
Caminando y caminado
Sobre desiertos infinitos,
He aprendido algo: no nos tenemos
Que escapar.
Sí, he vuelto, sin luz pero vuelto,
Y aún sin esperanzas
Aliento con profunda convicción
La esperanza de los otros,
Porque son puros los que todavía
Tienen la fuerza para luchar.
Qué sería la vida sin infierno,
Porque paraíso seguro no sería.
Hay que aprender a amar el infierno.
Y algún día, con amor,
Construir un paraíso, aunque sea uno
Lastimado, sucio y pequeñito,
Donde al menos tengamos todavía
Un valiente corazón para poder
Amar.
viernes, 4 de abril de 2014
XI
Melancolía
Los dioses me hacen decir cosas feas,
Mi luz es la muerte, mas todavía creo en la belleza.
Encuentro ternura en el horror, pero no siempre;
Lo que siempre encuentro es simple vacío.
Escuchando canciones felices y tan triste...
El amor para mí ha desaparecido.
Toda sombra es un fantasma taciturno,
Un niño tímido que muere demasiado pronto.
Mi humanidad es la humanidad de los otros,
Y los otros, como yo, son un infierno.
Sin embargo todavía riego mis esperanzas,
A costas de mi profundo dolor en este mundo.
A veces, mis esperanzas también mueren,
Cuando mis cariños son compleja lejanía,
Incluso para mí, luego de que la Luna me sonría,
Solitaria, en el corazón de la noche estrellada.
X
En un mundo donde "nadie es patria", porque todos lo somos, en dicho orden sintáctico, refleja el agudo énfasis en la existencia de la patria, es decir, del pueblo. La patria es el territorio, pero el pueblo es el territorio, porque el territorio no es nada sin la existencia del pueblo. El pueblo es, no obstante, el sujeto colectivo observador, mientras que el territorio es el enorme objeto observado. Uno no puede existir sin el otro. De allí el amor que usualmente las masas populares sienten por su patria, es, en defintiiva, el amor hacia su territorio, hacia su pueblo, es decir, hacia ellos mismos. Este narcisismo es de carácter explícitamente positivo, porque a diferencia del narcisimo individual, este es, sin embargo, plural. Se sigue de esto que un narcisimo colectivo en su máxima expresión es equivalente al más noble de los altruismos, aquel que, comprendiendo que favorece al otro, sabe que se favorece también a sí. Porque el otro es un yo. Y «la patria es el otro». Esta conceptualización patriótica socialista atenta contra aquella otra conceptualización (neo)liberal que ciñe la patria de un carácter exclusivamente individualista, a modo de justificar el egoísmo social. Distinto hubiese sido si el buen Borges hubiese alterado el orden de la oración: «Todos somos patria, por tanto nadie lo es». Aquí la conclusión última refleja ausencia, inexistencia, abolición. Por lo tanto sí: una vez más el conservadurismo de Borges nos ha sorprendido al no inclinarse por una suerte de pesimismo literato. Pero entonces, ¿por qué este escritor burgués de escritorio hacíase mala sangre en cuya ciudad albergaba cabecitas negras y descamisados?, ¿acaso no los apreciaba en modo práctico porque no apreciaba en modo teórico a su patria?, menuda incoherencia no sería parte de un acto negligente, sino de un necio. Yo, que desprecio la conceptualización simbólica de "patria" que excluye y divide, bajo los sueños de un mundo unido y comunista, aprecio su reivindicación y valoración en términos prácticos como legítima defensa de la soberanía popular, económica y política, de las constantes invaciones imperialistas del norte, y de su despreciable colonización hacia aquellas naciones que teóricos han dado en llamar tercermundistas. Mediante esto, necesitamos resguardarnos en palabras y en acciones. Por tanto, nuestras acciones necesitan zócales teóricos que fundamenten su accionar. Porque en caso contrario, la abolición conceptual amerita a esterilizar todo tipo de acción y reacción de lucha, en términos políticos, haciéndole juego al bando del opresor.
¿Mas por qué el típico descontento burgués nos sorprende?, ya Ernesto Sábato se hacía llamar un anarquista conservador, ¡menuda contradicción de base!, y pronunciada por un supuesto no-ignorante, por un intelectual. Este malhumorado, terco, y caprichoso escritor burgués no era nada menos que el amigo de Jorge Luis Borges. Este último al menos era un poco más gracioso, pues porque era racional, característica de los nacidos bajo la constelación de Virgo; y admitía, al menos, no saber nada de política, ¡no obstante opinaba!, y así nosotros sabemos que era válido y coherente, porque la única condición para ejercer la doxa en política es ser un ciudadano, y Borges también lo era, aunque algunos crean que sólo existía en libros, pues, ¿qué escritor medianamente inteligente se fotografiaría con Videla y Pinochet?, Ernesto y Jorge, los dos intelectuales dándonos el ejemplo. Mientras que paralelamente Júlio Cortázar dejaba de lado su infantilista asco por las masas, por la gente, el gentío, al tanto admitía y alzaba las banderas del socialismo popular, tras el esplendente ocaso del Che Guevara, en las gloriosas épocas de Salvador Allende. ¿Qué quiero decir con esto?, que tener un cerebro es razón suficiente para pensar, a menos para aquellos que se han desarrollado en las condiciones culturales necesarias para ejercer la práctica del pensamiento. Empero, una vez, parece que el odio le ha ganado a las fuerzas del corazón y la razón: pues ese odio contra el peronismo que tanto manifestaba el pequeño escritor, lo llevó a aliarse con la más terrible de las facciones genocidas. El mismo "error" que cometieron los seudo-socialistas y seudo-comunistas de aquel entonces —se recomienda aquí introducirse en las lecturas del John William Cooke—. La mayoría de la izquierda argentina siempre ha cometido esos error infantiles, sectarios, aburguesados por su fe en su propio iluminismo, condenando a las masas a un ente a ser "liberado", cual si la lucha voluntarista debiera realizarse por fuera del foco de las masas populares. Y en esta diferenciación cabe el contraste entre una posición dictatorial y una democrática. La voluntad de unos pocos es tiranía, la voluntad de unos muchos es democracia. Y esta última, cuando arde, es revolución. Por esto la "revolución" de unos pocos que sueñan que lo hacen por el bien de unos muchos, no existe más que como ilusión, fantasía, y ensueño. Lo sé: estarán pensando en la teoría del foquismo y las heróicas aventuras del Che, pero lo que cabe comprender es que estas "heróicas" aventuras de justicia social sólo adquieren valor en un determinado contexto, en otro, es sólo suicidio idealista, como ha ocurrido lamentablemente en Bolivia. Así, decimos: La fe en el voluntarismo idealizado es patraña.
domingo, 30 de marzo de 2014
IX
La fe y la esperanza son una porquería. Una tierra lánguida: la única que podría habitar un imbécil. ¡La patria!, el impulsor moral de una sociedad corrompida.
La burguesía desde el inicio de la pugna de clases lo ha contaminado todo. Su ambición, personalizada en una fracción siempre minoritaria ha ejercido los rudimentarios papeles de reyes en una obra de teatro abyecta. La vida. Invisible a la humanidad. – Junto a su avaricia, en mano de un egoísmo vulgar en los más altos rangos de la despreciable aristocracia, han logrado sustentar antaño los cimientos de la enajenación popular en todas las esquinas del mundo. ¿Cómo? Pluralizando mediante los zócalos de una moral de tintes bíblicos y a través de sólidas leyes eruditas unos intereses personales cual patéticas individualidades elevadas a la potencia. En efecto, lo que a mí me conviene, será ley; lo que a mí me atañe, debe ser universal. Y como si toda esta bazofia no fuese suficiente, predican a cómplice silente una doble moral austera: no robarás, dicen, y roban. Mas he aquí, como en la concepción molesta de «patria», que hay que diferenciar los tantos. Pues por supuesto, no es lo mismo Oliver Twist que un banquero neoliberal. Y en base a esta indiferencia subliminal, un discurso sobre un pedestal ilusorio (porque la legitimidad no la establece el saco y la corbata, sino el pueblo en su conjunto). Discurso ético que propugna la lucha infantil entre el bien y el mal, como si tales parábolas fuesen algo más que mera literatura malinterpretada. En consecuencia: las cárceles. Mas ahora sí, quien roba una manzana en una feria para comer, será castigado por la ley en caso que este fuera pescado, y si no lo fuera, perviértesele la conciencia a sapiensa epidérmica de que está haciendo algo mal, lo que no se debe; cual la condenada de Eva por su curiosidad, exacerbando la sádica pena del Señor (una deidad bastante machista, a propósito, como para haber creado en su segundo intento a la mujer de la costilla del hombre). El pecado nació de la pena. ¡El pecado! ¡Qué pena! El único pecado es su propia existencia en abstracto, ¡el pecado es un pecado! – Y sobre la obra de teatro vil, permítaseme compartirles este hermoso fragmento de Sir William Shakespeare:
Caballeros, el tiempo de la vida es muy corto, pero gastado ese breve plazo cobardemente, sería demasiado largo, aunque, cabalgando sobre la aguja de un reloj, la vida se detuviera al cabo de una hora. Si vivimos, vivimos para hollar cabezas de reyes; si morimos, ¡hermosa muerte, cuando príncipes mueren con nosotros! Ahora para nuestra conciencia, bellas son las armas, cuando se levantan por una causa justa.
Bellísimo, ¿verdad?, los cráneos de la monarquía pederasta han dejado sus vestigios de sangre en nuestra Tierra en siglos pasados, no obstante hoy, los oropelosos maniquíes que existen sobre tierra no son más que decorado en vidrieras orgullosas.
Respecto a los banqueros, serían al menos ágiles y audaces si no nos diésemos cuenta, y cuando les desvelamos, resulta que su juego era demasiado sucio. ¡Repugnancia! Decía ya, mi amigo Petrus Borel: comerciante y ladrón son sinónimos, un apartado de "Noticia de Champavert", de sus Cuentos Inmorales, que comienza con las siguientes lúcidas palabras:
Un pobre que sustrae por necesidad el menor objeto es enviado a la cárcel; pero los comerciantes, con privilegio, abren tiendas al borde de los caminos para esquilmar a los transeúntes que se proveen de ellas.
Sería un enorme placer para mí transcribir el apartado entero, pero ya tienen la fuente, y espero, les sea suficiente.
Toda moral burguesa, del establishment, aquella que por inercia y necedad, cual cola al barrilete estampada, sigue a la facciones de derechas, es una estupidez. Ya que es por naturaleza contraria a todo progreso, útil sólo para quienes juzgan desde cómodos asientos institucionalizados por un poder de monopolio. Empero útil para ellos no más que como un engranaje que tritura en la máquina capitalista todas las libertades. Porque, desde ya, toda moral es un establecido. Un algo grabado, sea ya cual un mandamiento en la Biblia, o un imperativo categórico en la consciencia colectiva. Y es allí, en el seno del molde de la ley, digamos, informal (sea la ley formal la jurídica), que se evapora tal un cigarrillo el sentimiento y la sensibilidad. Que sin duda existen, pero son practicamente efímeros. Puesto que una imposición de cualquier índole, un mandato externo, hace sólo más que concretar la fuga del pensamiento y el sentir, porque claro, ¿para qué profundizar los abismos del pensamiento y los océanos sentimentales para develarnos cuando, en efecto, poseemos una moral establecida que ya ha sido pensada y sentida por otros?, damas y caballeros, es aquí cuando, sin duda alguna, podemos afirmar que el sistema dual (capitalismo/heteronorma) suprime la facultad primordial, en términos metafísicos, de la mente y el corazón, y, sobre todo, promueve la pereza de intelecto. No obstante, señores y señoras, la ausencia de moral es similar pero no equivalente a la muerte de Dios. Nada tiene que ver con aquellos perezosos que alegan que, tras su sacra muerte, todo está permitido. Falso. Hay mucho por descubrir en el cosmos, en la conciencia del hombre y la mujer, en la divinidad humana y en su naturaleza ambiental; mas, para nada, caer por ello al averno de la ignorancia fútil. Mientras que, con la ausencia de la moralidad se experimenta algo similar en tanto no es ella el derrumbe de la tierra en la cual ponemos pie, sino más que los basamentos ónticos en los cuales nuestro ser navegaba. Es decir, no se derrumban en lo absoluto nuestros caminos hacia el horizonte, hacia tierras lejanas y desconocidas; nada se destruye de modo concreto que pueda llevarnos a un infierno de inmoralidad o ausencia absoluta de moral ética alguna, puesto que así como el humano es un animal racional y político, es, en consecuencia, un animal ético. A fin de cuentas la inmoralidad como un acusativo es un halago, siempre, porque quien es capaz de semejante señalización es evidentemente un burgués, es decir un idiota, puesto que para él todo aquello que se le escape de su preciada moral añeja, será, efectivamente, inmoral. Ahora bien, cuando pasa de ser un acusativo a una vestimenta adoptada como propia, es una tontería. Porque la inmoralidad, en ese caso, no es más que otra clase de moral, fundada, claramente, en vistas y a expensas de su moral antagónica, lo que es, la moral primigénea: la moral del bien, la llamada simplemente moral, y, por otro lado, diametralmente opuesto a esta, la moral del mal, es decir, la inmoralidad. Fuera de todas estas infantiladas, el humano, por ser esencialmente ético (esencial en un sentido aristotélico, no platónico), vivirá a cada instante su moral, su inherente moralidad. Es que al fin será libre, desencadenado de la opresión, se alzará su espíritu de águila y de cóndor a la par del fuego de Prometeo elevándose altivo de la montaña nívea. En dicho Nuevo Mundo, la Biblia será sólo un libro de museo, y toda imposición externa a cada particular y peculiar individualidad socialista, será un motivo de burla, de chiste, de gracia. Ningún imperativo sellado en concreto en algún documento, o en abstracto, impregnado en el éter común, será tomado en serio, ni siquiera cabría la posibilidad de que fuese válido. ¡Habría tanto fuego y tanta luz en el espíritu del nuevo humano!, que nada, nada, podría causar un retroceso. El progreso sería inevitable, ¡eterno progreso!... Cual un horizonte, que sólo insentiva a caminar; empero en semejante sistema comunista, caminaremos al fin en aquel nuevo contienente que entre todos hemos con tan ferviente anhelo buscado, «¡al fin!», diremos, alzando copa en mano y sonríendo con nuestras queridas ninfas, nosotros, hombres; y mujeres, felices, calmas, jugando también con sus estimados camaradas. El ser humano nuevo, sin embargo, no estará desprovisto de los ingredientes antiquísimos de su alma: la tristeza, la añoranza, la melancolía... El artista tendrá ese mismo material para esculpir su obra, y aún más. – La amoralidad, sería un término perfecto para denominar este nuevo estadío de conciencia, pero sólo si partimos desde las viejas concepciones de lo que en algún tiempo habría sido entendido como "moralidad", puesto que en términos estrictos, sería una nueva moral, ni siquiera una renovada moral (cual la nietzscheana), sino que una moral del instante, apartidaria de toda ideología, individual y populista, un carpe diem consensuado en el aquí y ahora, tal una estrella fugaz a los ojos del sueño en el firmamento. Esta «amoralidad», puesto ya, estaría fuera del bien y del mal, es decir, fuera de la moralidad y de la inmoralidad clásicas. Sería, en definitiva, sí, una nueva moral, no una renovación, cual la piel de la serpiente, sino algo nuevo, es decir, una nueva especie. ¿Puede ser algo nuevo si sigue siendo especie?, pues no en esos términos absolutistas, ya que claro que el cuervo no es nuevo en relación a la serpiente: ambos son vida, ambos son especies, pero ambos, son diferentes. Así mismo esta moral de la cual hablo: no es de la misma especie de la anterior, no es, por consiguiente, su renovación; sino que es, en definitiva, diferente, nueva: sin embargo..., sigue siendo vida.
En cuanto a diferenciar los tantos del concepto «patria»: la etiquetada 'patria' burguesa es aquella que responde a intereses de unos pocos, quienes apelan al nacionalismo (enfermedad infantil), por ende, la más despreciada; luego, nos encontramos con La Patria Grande, en referencia a los actuales procesos revolucionarios de Latinoamérica, comandado por el comandante en jefe Hugo Chávez, un colega, y Rafael Correa, otro compañero, siendo ella, una referencia de unificación e independencia de los intereses burgueses extranjeros que desde hace décadas e incluso siglos nos han en consecuencia explotado. A esta Patria, hoy día, apoyo; aunque no use esa palabra por sus connotaciones no sólo masculinas del patriarcado, sino también en referencia a los patrones explotadores primordiales: los patricios. Y, finalmente, a todo concepto de patria que en el conlleve un apegado orgullo: desprecio. Patria es humanidad. La Tierra es la humanidad, luego la patria es la tierra. Y si la patria es todo, por tanto, la patria es nada. Su anulación completa anula también por completo el orgullo absurdo que por ella alguien pueda llegar a sentir. Fuera de todo esto, no hay problema alguno.
En cuanto al «patriotismo», no vendré aquí a hablarles sobre estupideces anarquistas infantiles, que con un orgullo de odio caprichoso, no hace más que juzgar aquello que poco entiende y prejuzgar aquello que no entiende. Aclarados en precedente párrafo las concepciones humanitarias de patria, podemos concluir, en términos políticos, que un verdadero antipatria es un oligarca, un explotador, el proxeneta del pueblo: fatuo capitalista voraz. En definitiva, si la patria es el pueblo, es decir, todos, en cuanto no somos explotadores de nosotros mismos, entonces, un antipatria es un antipueblo, un antipopular, un antipopulista. Hogaño, las significaciones del «populismo» son harta criticadas en modo peyorativo por los espíritus burgueses, aquellos que en magnífica contradicción rescatan nuestra democracia empero no su alma. Su alma somos nosotros. Nosotros elegimos la democracia y no la dictadura, y así mismo nosotros podemos elegir la revolución, y no el conformismo. No obstante, por despreciar un extremo, no es necesario caer en otro. No se trata de blancos y negros, no se trata de un bando u otro, se trata de ser pragmático, inteligente, no necio; y la inteligencia, damas y caballeros, si es en verdad inteligente, siempre estará del lado del pueblo. No haré metafísica sobre ello en esta publicación. Prosigo: no es lo mismo un nacionalista latinoamericano que un nacionalista europeo, en evidentes términos amplios, pues, el primero, reivindica su patria y su nación, su soberanía económica y política, en vistas de los cazadores del norte, y del viejo continente, que no han hecho más que explotar a sus hermanos; pues estos segundos, devienen en xenofobia y racismo, en tiranía, en violencia absurda, en necedad, en estupidez infante, en definitiva, es la patria europea el concepto de "patria" que tanto ha sido criticado por grandes escritores principalmente del añejo continente. En ello pensaban. El patriota latino es un colonizado, y se defiende del colonizador; mientras que el patriota colonizador, de los pueblos del norte en ambos continentes, al no tener de quién defenderse, ataca y se crea enemigos, para expanderse y dominar. El ser humano colonizado, africano, latino, y del pueblo tercermundista que fuese, se convierte automáticamente en un honorable patriota cuando descubre sus derechos -es decir cuando se reivindica como tal-, tanto como ciudadano como ser humano, es allí cuando se atiza el fuego de su conciencia, cuando su esplendente espíritu brilla al son del Sol, y despierta como el crepúsculo, lentamente, como las flores se abren en otoño. En cambio, la bestia necia, el patriota del norte, el nacionalista del primer mundo -en términos mayoritarios, no absolutos-, tiende a discriminar a sus vecinos, a odiar al prójimo -cuando con esto no digo que haya que amarlo, ¿pero odiarlo?-, tiende, en definitiva, a detestar profundamente todo aquello que le impida su «vivir bien», es decir su plusvalía, su explotación desenfrenada al cuerpo y corazón del oprimido; ¡y tiene que buscar un enemigo!; inventarlo, para así justificar su barbarie.
Esto es todo.
lunes, 5 de noviembre de 2012
VIII
5 de noviembre
Préndese una vela
antes que una maldición
a la oscuridad.
Pleitesía al revolucionario
es la sombra de mi alba
que ardiente canta
desde el más hondo calvario
capital cual vasta deidad.
Vérsese líneas de fuego
sobre el albor terrible
de todos los principios.
Mil ochocientos doce
acciones insubordinadas
pueden cambiar un siglo
en un instante de cólera
y miel en rebelión.
Cántese sin miedo
los cantares de la opresión
en el fulgente plexo del ser.
Hoy llegó el mañana
y hoy como mañana
y por mañana comenzamos
harmonía en lírica a la mañana
renaciendo junto al Sol.
Hágase a la voluntad
del fúlgido corazón
flor y espada y amor.
-
En el comienzo azul del principio verde oyes y sé que sí oyes la poesía de la reinita cabezadorada en frágil rama de bronce sobre el altivo sabio que impasible contempla el cambio.
Hay un nuevo amanecer y es el fin del mundo.
El cielo que tempestuoso reposa por encima de un lecho de gráciles sueños imposibles acaba tras la caída del gigante a dar a luz a una estrella.
Hasta el día de mañana será poeta el alma de la penumbra de todos nuestros males.
Entre dos orígenes se extinguió la entropía en otrora.
Hogaño, un cerebro desvelado atizando la pequeña lumbre que parpadea en latente de cera transmuta las alas del espíritu.
domingo, 26 de agosto de 2012
VII
Líber cor in voluntas
Cubil desidia la inherente morada de la carne,
Incesante vil vástago de la fatal perfidia
La dócil bruma material dentro del cráneo,
Esteta tupé a dionisíaca mirada cubre,
Es el indómito placer de Apolo el álter ego,
Inocente lascivia el ansia divino de los dioses,
Luz de vela en la bañera y unas crónicas de lujuria
Son la sal de un plato tunecí en un comedor sucio.
Oh, vileza, vileza, ¡qué horror el sentir débil!,
¡¡Ánima grácil a tu voluntad enfrenta!!, empero
Freno a su monstruoso rostro que a mi temple petrifica,
¡Cuán gran es el poder que el hombre necesita!, ¡dioses!;
Mas si valor tuviese el «hombre sabio» frente a sí mismo
En las más profundas horas de la noche, reencontrarse,
Conversar, retórica del loco, esotérica comunicación,
Comprender pudiese los intrincados laberintos de la mente.
Lucero, Venus, Dionysos, ¡perversión nocturna, infiel,
A los ojos del vatímetro!, pescador indiferente
Del destierro de los nobles, ¡amoralidad, amoralidad!,
Gritan los pobres, claman los ocultos, ¡vida!, ¡vida!
No hay mal que exista en lo que es, seguro es,
Tan así los prados se iluminan en estío, pues,
No hay bien que exista en lo que es, sábese,
Ya que la lluvia inunda cual sus frutos da en el campo,
Dicha prístina del Tao su designio, lecho universal,
Cuna de dioses y demonios, ¡cosmos infinito!
Y así como el rey a sus hombres esclaviza,
Yo, mago de las sombras a Legión someto.
Todo cuerpo posee su columna de marfil,
Tal así toda alma posee su torre de Babel;
¡Más de mil demonios nos ilusionan con sus falsos,
Pobres, tuertos, y mediocres equilibrios! Moral,
Llámanle algunos varios, principios sin rigor
Cual un trueno en el sendero, eléctrico indomable
El impulso del humano, mortal en todos sus sentidos.
¡Oh espíritu eterno que de excepción vestido te escapas!
-
La perra sin bozal su cola agita, cual si fuese Satán meditando en el lecho de Afrodita. El báculo invertido desde el primogénito primordial de todos los principios; sin sentido, en el mar del Nous génesis dual bogando a contraviento.
Una desencadenada jauría en el laberinto de la urbe, defectos, alegan los seudo serapis desde sus cómodos sillones. Es de noche y nadie vigila a quienes nos vigilan; que el lobo devore a su domador. Libros manchados con la sangre de la tierra, hojas fragmentos del alma de los sabios, no hay una línea que sea pura.
En algún no remoto ayer, mis ojos contemplaron la acción de la belleza: una flor acariciando una mariposa. ¡Oh estacionse oh castillos, qué alma no tiene algún reproche!..., con las mitades de una estrella en cada ojo al mundo hostigas y en secreto amas, ¡a ti te hablo sombra imagen de la viva natura!..., podemos perderlo todo en una fuga, pederlo todo en algún beso... ¿qué tenemos?, bajo el cielo cálido techo de mil sueños, todavía late un corazón.
Con una caricia podemos cambiar el mundo. Y con nuestros labios susurrámosle al Destino sus proezas, dignas de los fieles; amantes de la poesía... amantes de la poesía.
Un conjunto de sentencias iluminan con negra luz el cerebro de los peces, sea ya escrita en una hoja o impregnada por los aires. Ciegos de sangre y espíritu a sus palabras acuden, cual la regla aritmética imperativo de una ciencia que no comprenden. Las frías vestiduras de las letras cubren la desnudez de sus colores, esencias multi, a los cerrados ojos que aunque abiertos, omiten. Pregúntome en madrugada, mientras los pájaritos cantan, qué tan difícil es escuchar el corazón.
Brega la cólera del poeta entre callejuelas de olvidados suburbios, ley ausente y norma de la cobardía y el desinterés, no hay tal ley: fantasmas, fantasmas kamikazes ávidos de diamantes sin sangre, mudos latentes ya oxidados. Oh efímeros sueños bajo los faroles de las calles, humedad sanguínea y perfumes de juventud, qué de las antiguas ninfas en velos transparentes y desnudos faunos corriendo a sus doncellas al son de la cascada. Añoranza.
Mas hoy, la extinción no es absoluta. Encontramos nos en radiante brezal a luminosas horas de la tarde, briagos, sembrando cosquillas en la fértil piel del otro, al tanto las dulces flores aspiran el aroma del brial, juguetón y escabullidiso en el cuerpo de la virgen. Mis finas manos dejan caer su bretel, que tibiamente se desliza por sus brazos, radiantes ante el testigo de los cielos, no obstante le escondo besos en sus piernas. Los rayos rielaban en su nuda carne y nuestros suspiros se enlazaban en el calmo éter elvándose hasta el infinito, mientras su trémulo vientre bailaba bajo mis labios... Imposible frescura sus rizos de brécol, aromático incienso del amor...
Oh campestres sueños de lozanía, modernos escapes de la ausente vida, en busca de la libertad, ¡las verdaderas!, incluyéndola a ella, errantes sin futuro en el presente, a puro verso, espada y rosa, constructores del panal de la dulzura y la melancolía, y entre silencios que huelen a azucenas, cien mil destellos de sabidurías.
Más allá del Cielo y el Infierno... Más allá de Dios.
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