lunes, 5 de noviembre de 2012

VIII


5 de noviembre

Préndese una vela
antes que una maldición
a la oscuridad.

Pleitesía al revolucionario
es la sombra de mi alba
que ardiente canta
desde el más hondo calvario
capital cual vasta deidad.

Vérsese líneas de fuego
sobre el albor terrible
de todos los principios.

Mil ochocientos doce
acciones insubordinadas
pueden cambiar un siglo
en un instante de cólera
y miel en rebelión.

Cántese sin miedo
los cantares de la opresión
en el fulgente plexo del ser.

Hoy llegó el mañana
y hoy como mañana
y por mañana comenzamos
harmonía en lírica a la mañana
renaciendo junto al Sol.

Hágase a la voluntad
del fúlgido corazón
flor y espada y amor.

-

En el comienzo azul del principio verde oyes y sé que sí oyes la poesía de la reinita cabezadorada en frágil rama de bronce sobre el altivo sabio que impasible contempla el cambio.

Hay un nuevo amanecer y es el fin del mundo.

El cielo que tempestuoso reposa por encima de un lecho de gráciles sueños imposibles acaba tras la caída del gigante a dar a luz a una estrella.

Hasta el día de mañana será poeta el alma de la penumbra de todos nuestros males.

Entre dos orígenes se extinguió la entropía en otrora.

Hogaño, un cerebro desvelado atizando la pequeña lumbre que parpadea en latente de cera transmuta las alas del espíritu.

domingo, 26 de agosto de 2012

VII


               Líber cor in voluntas

         Cubil desidia la inherente morada de la carne,
         Incesante vil vástago de la fatal perfidia
         La dócil bruma material dentro del cráneo,
         Esteta tupé a dionisíaca mirada cubre,

         Es el indómito placer de Apolo el álter ego,
         Inocente lascivia el ansia divino de los dioses,
         Luz de vela en la bañera y unas crónicas de lujuria
         Son la sal de un plato tunecí en un comedor sucio.

         Oh, vileza, vileza, ¡qué horror el sentir débil!,
         ¡¡Ánima grácil a tu voluntad enfrenta!!, empero
         Freno a su monstruoso rostro que a mi temple petrifica,
         ¡Cuán gran es el poder que el hombre necesita!, ¡dioses!;

         Mas si valor tuviese el «hombre sabio» frente a sí mismo
         En las más profundas horas de la noche, reencontrarse,
         Conversar, retórica del loco, esotérica comunicación,
         Comprender pudiese los intrincados laberintos de la mente.

         Lucero, Venus, Dionysos, ¡perversión nocturna, infiel,
         A los ojos del vatímetro!, pescador indiferente
         Del destierro de los nobles, ¡amoralidad, amoralidad!,
         Gritan los pobres, claman los ocultos, ¡vida!, ¡vida!

         No hay mal que exista en lo que es, seguro es,
         Tan así los prados se iluminan en estío, pues,
         No hay bien que exista en lo que es, sábese,
         Ya que la lluvia inunda cual sus frutos da en el campo,

         Dicha prístina del Tao su designio, lecho universal,
         Cuna de dioses y demonios, ¡cosmos infinito!
         Y así como el rey a sus hombres esclaviza,
         Yo, mago de las sombras a Legión someto.

         Todo cuerpo posee su columna de marfil,
         Tal así toda alma posee su torre de Babel;
         ¡Más de mil demonios nos ilusionan con sus falsos,
         Pobres, tuertos, y mediocres equilibrios! Moral,

         Llámanle algunos varios, principios sin rigor
         Cual un trueno en el sendero, eléctrico indomable
         El impulso del humano, mortal en todos sus sentidos.
         ¡Oh espíritu eterno que de excepción vestido te escapas!

-

    La perra sin bozal su cola agita, cual si fuese Satán meditando en el lecho de Afrodita. El báculo invertido desde el primogénito primordial de todos los principios; sin sentido, en el mar del Nous génesis dual bogando a contraviento.

    Una desencadenada jauría en el laberinto de la urbe, defectos, alegan los seudo serapis desde sus cómodos sillones. Es de noche y nadie vigila a quienes nos vigilan; que el lobo devore a su domador. Libros manchados con la sangre de la tierra, hojas fragmentos del alma de los sabios, no hay una línea que sea pura.

    En algún no remoto ayer, mis ojos contemplaron la acción de la belleza: una flor acariciando una mariposa. ¡Oh estacionse oh castillos, qué alma no tiene algún reproche!..., con las mitades de una estrella en cada ojo al mundo hostigas y en secreto amas, ¡a ti te hablo sombra imagen de la viva natura!..., podemos perderlo todo en una fuga, pederlo todo en algún beso... ¿qué tenemos?, bajo el cielo cálido techo de mil sueños, todavía late un corazón.

    Con una caricia podemos cambiar el mundo. Y con nuestros labios susurrámosle al Destino sus proezas, dignas de los fieles; amantes de la poesía... amantes de la poesía.

    Un conjunto de sentencias iluminan con negra luz el cerebro de los peces, sea ya escrita en una hoja o impregnada por los aires. Ciegos de sangre y espíritu a sus palabras acuden, cual la regla aritmética imperativo de una ciencia que no comprenden. Las frías vestiduras de las letras cubren la desnudez de sus colores, esencias multi, a los cerrados ojos que aunque abiertos, omiten. Pregúntome en madrugada, mientras los pájaritos cantan, qué tan difícil es escuchar el corazón.

    Brega la cólera del poeta entre callejuelas de olvidados suburbios, ley ausente y norma de la cobardía y el desinterés, no hay tal ley: fantasmas, fantasmas kamikazes ávidos de diamantes sin sangre, mudos latentes ya oxidados. Oh efímeros sueños bajo los faroles de las calles, humedad sanguínea y perfumes de juventud, qué de las antiguas ninfas en velos transparentes y desnudos faunos corriendo a sus doncellas al son de la cascada. Añoranza.

    Mas hoy, la extinción no es absoluta. Encontramos nos en radiante brezal a luminosas horas de la tarde, briagos, sembrando cosquillas en la fértil piel del otro, al tanto las dulces flores aspiran el aroma del brial, juguetón y escabullidiso en el cuerpo de la virgen. Mis finas manos dejan caer su bretel, que tibiamente se desliza por sus brazos, radiantes ante el testigo de los cielos, no obstante le escondo besos en sus piernas. Los rayos rielaban en su nuda carne y nuestros suspiros se enlazaban en el calmo éter elvándose hasta el infinito, mientras su trémulo vientre bailaba bajo mis labios... Imposible frescura sus rizos de brécol, aromático incienso del amor...

    Oh campestres sueños de lozanía, modernos escapes de la ausente vida, en busca de la libertad, ¡las verdaderas!, incluyéndola a ella, errantes sin futuro en el presente, a puro verso, espada y rosa, constructores del panal de la dulzura y la melancolía, y entre silencios que huelen a azucenas, cien mil destellos de sabidurías.

    Más allá del Cielo y el Infierno... Más allá de Dios.

jueves, 24 de febrero de 2011

VI



              Ababol

         Crece entre sembrados y mieses la amapola,
         De la primavera en la cuna floja descanza
         Decidida y sola sin saludar ni decir hola
         Como falso Dios señala en nube rojä ultranza.

         Y el opio de tus sienes te saludan y te invitan
         Al teatro que no vienes ¡pues es que allí radicas!
         ¡Oh, mal reparto a tutiplén donde las marionetas silvan!
         Ya dan abasto a granel y por doquier con estúpidas creencias te salpican,

         ¡Sucias y débiles sus salivas! Por fuera transparentes,
         Por dentro hipócritas y pseudo-independientes,
         ¡Furcias débiles y sumisas! ¡Necias! ¡Incendiad las camas y las iglesias!

         ¡Alienados! ¡Cantáis vosotros al compás de la epilepsia!
         Yo ya vengo, daré un paseo por el infierno,
         Que a éstas alturas, desde aquí sólo veo un averno.

-

     «El malvado siempre es sexy, los buenos apestan.» Díjome una vez un amigable mas no sociable demonio. Porque es que en verdad ni los buenos ni los malos existen, empero y por eso, los buenos son no sólo falsos sino grandes cosechadores de la hipocresía y la aburrida mentira, ¡Pues sí! ¡Aburren como los cuentos de la tía! Mientras el malo, juega con la maldad y ayuda con su genia bondad, lastima y sana, como cristiano Dios de antaño, sólo que éste y no Dios, es su creador, ¡el único, el original, no cómo el invisible amigo tacaño!

     ¿Dónde están los muertos, dónde está el rebaño? ¡Allí los veo, allí los veo! Allí y acá, flotando en el abacá.

     «Lo que no te mata te hace más fuerte, y lo que no te hace más fuerte te hace más fuerte aún.» Díjome una vez mi álter ego, pues Dios ha muerto, eso ya lo sabemos.
     Lo hemos asesinado, ¿quién más? Si no quienes lo hemos creado; aquellos santos ascetas que en el cielo en paz descanzan sin ver tetas.

     ¡Dios murió en la riña!... Es ésto, poesía en una sóla línea.

     ¡Oh!, colegas, no seáis tan realistas, que moriréis sin chispas, con penas y lástimas, como naturalistas, como averroístas.
     ¡Oh!, compañeros de la plebe – ovejas del relieve, lobos de la nieve; ¿por qué sois tan asquerosamente débiles? ¿Por qué necesitáis de la baranda para ascender: al cielo del alma? Vosotros que creéis ser tan maduros, por el trabajo duros, muy adultos, ¡tenéis, por todos los cielos, como niños, un amigo invisible! Sólo que éste, como ha dicho Daniel (con un toque de miel), a diferencia de otros, no te conduce al psicólogo. ¡Gran amigo entonces!
     A ver, compañeros de la plebe y del deber, para encontrar lo buscado es necesario primero perderlo absolutamente, dice el aforismo, ¿entonces? ¡Pierdan a su Dios, imaginario Dios! ¿Y entonces? Encontraránse con ustedes mismos, pues cada uno de ustedes, en su interior... es su Dios, su verdadero Dios. ¡Oh, fuente de poder y de luz! ¡Lucero, Venus, alumbra de par en par y de dos en dos!

        18 de septiembre de 1890
     La flecha en llamas ardía... yacía penetrando en el corazón de la primavera y sangraba como loca arteria aorta, pues mucha sangra largaba. Hojas muertas reposaban en la tierra rojiza, ruborizada en jadines, flores y yazmines. Crecían de la epidermis del estío hermosas rosas de cristales de rubíes, eran aquellas las fechas del amor y el fogozo carmesí.
     Alas y plumas flotan junto al viaje y deslízanse por los valles de sus várices, y cansados y sin ganas aguardan las abacerías, ¡pues allí vienen las hermanas, que le cantan a las estrías! Oh, Santa Ana, ¿y dónde está la caridad que tú emanas? Lleváronse lo los fuertes aires de las palmeras y las playas con sus partículas de arena hacia las pobres tierras del Sur.
     Falsa fundación que rebalsa las mentiras de la canción, ¡santa vergüenza de las liras del amor! Robótica y robusta es la fábrica que con enfermas paredes encierra la semilla de la inyección, la falsa ilusión del paraíso su proyección.
     Dios no ejerce la protección.
     Escuchen a los muertos, que aunque entre lápidas descansan..., ellos también cantan.
     ¿Oyen los ecos del panteón?

         El cubo se ha marchado, allí sólo hay un cuadrado.
         Cuatro líneas y un final, no hay aquí algún ser amado,
         Sólo mucha miel y un panal, abejas ciegas y un avezar:
         Ver a oscuras y entre sombras y luces a amar.

     Avésticos murmuros me susurran, lo que no han dicho, quienes aprendieron a estrellas con ábaco contar – bellas épocas aquellas; avícolas regiones claman el escuche, de los hablas y los dichos..., los secretos del estuche.

     Y sin asco y sin temor, así lo dijo el español:
         «y los libros hablaban y hablaban
         pero Dios iba diciendo
         pronto se acabará el mundo»

viernes, 18 de febrero de 2011

V



              Apócrifa existencia

         Sabio prado sin caminos, foribunda demencia
         Corona el horizonte -mesurado en airadas llamas-,
         Cual cruel y agonizante: moribunda vivencia;

         Y con de plata monedas dona Caronte a aquellas furcias damas
         El sentido del camino y el paso del andar,
         Para entretener aquellos falsos viajes entre aquellas sucias ramas

         Que desprecian los puñales del viajar,
         Que adoran la tristeza de la noche, la nostalgia de la luna y 
         Lloran las ansias del matar.

         Maldición de maldiciones impregnan los dioses: la resabia de la cuna y
         De la indigna simiente.
         Sacro cobre brilla como el oro en la rabia de la duna y

         Despierta por sobre las arenas como muerto viviente
         De las tierras, y arraza como huracán enfurecido
         Que el dolor de la pura natura vive y siente.

         Irascibles pesadillas invaden el éter del sueño,
         Pues esto no es vida, es el deceso de la ida del jamás verte;
         Que con monstruos y demonios fragmentan el empeño.

         Y qué vale más que el despertar para volver a verte o jamás verte?
         Y mientras santos y dioses talan del fallecimiento el leño,
         La falena en la vela arde soñando ya con la pureza inerte de la muerte.

---

     La sorpresa de quien duerme eternamente bajo pesar latente, no es. Sólo solo descansa bajo el cielo hiriente. La sorpresa es mía, bellamente pertenéceme, mas ahora fuése pues en dolor parece que perece, como crudas lanzas penetrando en peces. Horror majestuoso. Cual brutal erupción volcánica estallaron mis ignotos sentires para ser absorbidos por la profundidad del pozo. Terror majestuoso. Vislumbro a través de las lágrimas ígneas de mi alma ignita del aljibe el sollozo. Inevitable es la defunción del ensueño. Eterno sueño.

     No encuéntrase hoy aquí la suerte de Ifigenia. No hánse encontrado hoy el lepidóptero y la crisálida. Un valle de ninfas muertas tiñen mis pensamientos, para cocinarse éstos en la lumbre de mis nubes. Y mientras descansan cenizas en la cumbre, la dura y gran montaña de la vida flaquea. El ceniciento alado ignívomo de cólera y pasión con sus bellas líneas la zarandea. Y sumergido en alucinaciones de mágico fresco raudal caigo muerto por la bestial desembocadura de aquel caudal, flotando entre invertebrados, con cuerpo raudo y quebrado; vivo para ser odiado o para ser amado.

domingo, 13 de febrero de 2011

IV



         Veraz lluvia a mi soledad perla,
         Y pestiños reflejos reflejan los mil millones de cristales,
         Mientras mi perpetua soledad fría y húmeda despierta.

         Maldigo la maldad en el existir de la perennidad,
         Que estos ardientes níveos sentires hacen que yo sienta, pues
         Maldigo la oscuridad en el vivir de la eternidad.

         ¡Maldito tiempo, que provocas mi sufrimiento!
         Oh... no pertenezco a este mundo,
         Pues desdichado y solo me encuentro.

         ¿A dónde pertenzco, quizás a algún bosque de fresnos?
         Desearía, con frío estilete, el corazón atravesarme,
         Tal vez así pueda habitar en este mundo de sentires frescos.

         ¡Oh, mundo hermoso! cuántas lágrimas vuestras nubes han vertido,
         Cuántas almas solitarias en el calabozo del encierro han muerto y
         Cuántos ríos de llantos fríos han corrido.

         Cuántos corazones muertos sin amar habrán vivido, y
         Cuántos corazones vivos sin amar han muerto.
         ¿Cuántos verdaderos amores no correspondidos han sufrido?

         Y cuán grande es el dolor de haber ido y jamás haber volvido.
         Perla del olvido, diamante de diamantino.
         ¡Sufre, beso purpurino, sufre!, el veneno de la vasta añoranza y la fiebre del desatino.

---

     Desconocido nado contra corriente en un vacío mar de gente que no siente.
     Andan por andares y doquieres, en pie mantenidos por el simple latir del puño carmesí.
     A veces, puño frenesí; de violenta ceguedad casi bordeando los límites de la maldad.
     Vehemente terquedad, infantil seriedad.

     Y ahora soy yo el que no siente, frígida criatura nocturna de extraño sentimiento latente.
     Y de lascivos colmillos amorales os digo, ¡me defeco en vuestros males! y me repugnan vuestras
                                                                                                                                                   [mentes.
     Bajo el ardiente sol ardo, y los espero en el rabioso crisol de mi corazón pardo.
     Después de todo, soy sólo un maldito bardo.

sábado, 5 de febrero de 2011

III



         El sol irradia el calor,
         El calor irrada el sol
         Como al corazón
         Irradia el amor.

     Y las estrellas que aún muertas, brillan, arden y gritan y nuestra alma visan. Con extrañeza nos sonríen, secan nuestras lágrimas y difuminan la tristeza pasajera que facinerosas situaciones nos donan. Mas mientras nos despiden cuando estamos tristes, hundidos en la melancolía y la nostalgia, cantan como cisnes.

     ¿Y acaso vuestra esencia del ser, la vida y lo que podemos ver, no os dicen que hechos de polvo de estrella estamos? Pues, en mayoría, de las pequeñas brillantes parecemos sólo su afonía. Pero no os desesperéis, que aún siendo de noche algunas brillan de día.

     Sensaciones fragantes desplegan sabiduría elegante, mas también gusto a brebaje desplega la pseudo-sabiduría tajante, como siempre de tediosidad pujante.

     ¿Cuántos bríos posee el amor por algo inexistente, por alguna falsedad, por una picardía humana de oropeles serios? A simple observar parece que su energía es fuerte, pero no es más que cobre aparentando ser oro. Y aunque el garbo del andar es sólo ficticio, sólo la luz del razonamiento y las ávidas palabras pueden desenmascarar la falsa gallardía de quien profesa tan insultante –para el amor– amor.
     ¿Qué diría –por ejemplo– el ágil y tierno tordo estornino si le delimitáramos el aire de su volar mediante sucias banderas fronterizas? ¿Dónde está la aunque sea imaginaria libertad de pertenecer al mundo entero, pues porque en él nacimos? ¿Qué es eso –¡por todos los dioses!– de llamar "patria" a un pedazo de tierra, a un fragmento de este planeta? Ojalá los animales no entiendan esto porque ya comienzo a sentir la vergüenza. Tan burda y vulgar es a veces la necesidad del humano que lo lleva a realizar las sutiles como delicadamente sucias e hipócritas acciones; mendiga bajo el imperativo de la idiotez. Parla y parla el hombrecito, que no es verde como el loro pero sí verde como el moco, podrido como la banana que abandonó el mono; habla y habla el señorito y sus palabras, desgastadas, bracean en un espeso aire de hablerío y libre albedrío. Estos señores realmente están convencidos de su vigor y de su razón; adultos, muy maduros y divorciados, distanciados, ¿qué saben éstos del amor y del corazón? Muy anclados en el sistema, atados, ¿qué saben de aquel pajarito que aún no tuvo la pesadilla de volar en un cielo delimitado por fronteras, un hermoso cielo celeste representado por coloridas banderas?
     Mujeres preocupadas por su apariencia, como de serpiente conciencia, y hombres que como monstruos de dos cabezas sólo existen y alzan pesas, parlan, charlan y conversan sobre política nacionalista como grandes pilotos conocedores de la pista, y no se dan cuenta que siempre pronuncian las mismas falaces de antaño y hogaño. Pero si ya díjose que luchar contra la estupidez es en vano hasta para los dioses..., pues entonces, ¿para qué diablos escribo todo ésto?, pues sólo para dejar un pequeño y humilde legado, el resto será historia e historia será, escrita por nosotros y vigilada por el dios Rá.

lunes, 3 de enero de 2011

II



      Aunque seamos míseros seres a los grandes ojos de lo Desconocido, aunque no exista la Libertad, aunque estemos condenados en este misterioso reino de oscuridad, somos bellos seres que supimos en este bello y vasto mundo en que nos ha tocado «vivir» —con  todo sentido que dicha palabra implica— crear y recrearnos. Creamos libertades, cálidas y confortables libertades, ansiadas libertades entre cadenas rotas hemos creado a puro sacrificio y rebeldía ante los poderosos egoístas, hemos luchado contra la injusticia con espíritu almorávide y supimos cosechar del más hermoso y raro «arte» —si sabrán de ésto los antiguos griegos—, valorable y más aún placentero cual viajero trás desierto encuéntrase soñando más despierto las frías aguas del divino Ponto Euxino.
     Sin embargo, aquí se encuentra la humanidad, estancada como con clavo religioso ella encuéntrase crusificada. Ha sido mortal y cruelmente maltratada, insensiblemente torturada. Mientras aquellos que hacen girar el mundo a través de pecaminosas vanidades y nos hablan de evolución y de progreso, un genio independiente adujo que la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices, y navegando hacia los inicios del nuevo milenio ya comenzado, el mismo Gary McKinnon —hambriento de conocimiento, como diría The Mentor— alegó luego de haber intervenido en los sitemas operativos informáticos de las fuerzas armadas estadounidenses y de la NASA, que háse sorprendido por la insospechada tecnología que dicho país poseía, comentando a continuación que con toda esa gran tecnología podríase ya mismo estar curando el hambre en el mundo entero. Y pensar que sólo apenas había penetrado un sólo territorio delimitado del «Nuevo Mundo», obviando las distintas fincas denominadas "países" del resto del astro. Que claro está, con todo ello, que curar tan básicos vulgares males no es tarea imposible —¿Pues es que ya no nos ha dicho alguien que no hay cosas imposibles, sólo hombres incapaces?—.
     Pero hemos nacido, los que aquí nos encontramos, en un gran país metafísico que podríamos dar a llamar: Capitalismo. Ésta es nuestra, por el momento, vulgar patria idealista, en donde los idiomas contamínanse por aquellas lenguas oxidadas que prefieren manterse sumisas a tan repugnante patria metafísica; en donde los políticos —en su enorme mayoría: ladrones de traje— profesan la doctrina del capitalista, que rige dos grandes leyes para gobernar, que a esta altura son sólo dos grandes atributos —vastas virtudes—: la carencia de solidaridad, y la abundancia de egoísmo. Los principales engranajes que hacen bombear un corazón sin sangre. Si tan sólo el tan aclamado Dios que dan por bueno apareciera e invirtiera las funciones de dichas piezas, la solidaridad sería abundante y el egoismo practicamente nulo, y así tal vez podamos contemplar la tan ansiada gota de sangre en estas montañas de arena blanca, tan preciada y valorada cual Rosa del Desierto; pero como dirían las influencias de Pazuzu, Dios no está hoy aquí presente. Pues que así sea y mejor, ya que solos y sin dioses podremos aprender de nuestros errores y de una vez por todas, progresar.
     Las partículas doradas del antiguo reloj deslízanse por el intermedio de los bulbos mientras «el poder» idiotiza las masas. Más éstas creen en normas y valores inventados por el mismo hombre que no las rige, ellas (las personas) viven una vida naturalizada en donde todo redúcese a trabajo, sexo, alcohol, cigarrillos y algo de Coca-Cola, sin contar la comida barata, el descanzo y los transportes. Todos creen saber algo de amor, sin embargo caen en los estúpidos esteriotipos de la familia tipo y al final sólo experimentan el dolor, pues cásanse y divorciados acaban. ¡Si al menos no comprométense a cambiar nada, al menos tengan la decencia de no traer injustamente a este doliente mundo hijos a sufrir en él! ¡Por todos los cielos!
     ¿Acaso Shakespeare y Goethe escribieron en vano? ¿Óyense las melodías de Beethoven y Chopin? ¿Ya no leen a Wilde, Byron y Whitman? ¿Ya no escuchan a Brahms o Liszt? Pues lamentablemente pareciera que son todos ellos no más que desconocidos, miserables anónimos perdidos en el olvido, y si alguien que con oídos y ojos no reaccione ante ellos, me atrevo a dudar de que posea tales oídos y ojos..., o peor aún, dudaría de su sensibilidad. Bendito sea el pueblo que llora. ¡Oh, qué perdidos debemos de estar si en realidad son tantos los corazones sin sangre, las almas sin lágrimas!
     La plebe, por más insignificante que sea o parezca, es quien lleva las verdaderas riendas del poder, sí, las mismas que el poder mismo hacen que no vean, llenándoles la cabeza desde niños cual agua a tetera se le llena para consumo aristocrático; porque sin el pueblo a ser gobernado nada hay más ya que gobernar. Pero el plebeyo no debe ver eso, pues edúcase lo para respetar normas y leyes que la inmundicia de quienes rigieron la humanidad han heredado, y así mismo el poder fabrica pequeños soldaditos de juguete y esclavos sin cadena que se adaptan al cruel y ya nombrado actual sistema. Les hacen creer astuta y maquiavélicamente en ciertos conceptos sobre el valor y el honor para luego morir en vano en sangrientas contiendas por motivos totalmente ajenos al pequeño soldadito de corazón de plástico; les imponen axiomas fundados bajo la alfombra del temor, para que teman y únanse cual pequeñitas criaturas desamparadas que respiran miedo bajo un detestado clima de amenaza; ellos mismos, quienes encuéntranse en los distintos poderes, crean conciente y directamente de forma indirecta criminales excluidos por el sistema para hacerles creer en un supuesto orden, una supuesta ley y un supuesto enemigo, así como han creado símbolos con "valores" atribuidos por humanos no muy nobles que digamos —¡Ellos mismos fueron quienes escribieron lo que pudieron de la historia! y claro, no hánse hecho ver tan mal—; también son ellos quienes de igual forma crean indigentes excluidos de este voraz sistema para que funcionen como atemorizante y vil espejo que exprese el despojo y el desprecio como vil reflejo de aquellos quienes decidan rebelarse o apartarse de este sistema irracional por efecto.
     El dinero, por más limpio siempre sucio, es creado por los hombres, no por los dioses ni por los demonios, si falta dinero, créase, ahora yo debo preguntarme, ¿y créase la voluntad? Considero que no, siémbrase sólo. Para aquellos pseudo-economistas que alegan la falta de dinero como excusa, atribuyéndole el sinónimo de capital. Capitalismo, han de llamar a este sistema —palabra tan poco poética—, que maneja una extraña libertad/libertinaje como camaleón cambiante según la situación y el ambiente andante; puesto que nos permite progresar individualmente al compás de ritmos egóicos según nuestras propias y libres capacidades para razonar, y es ésta la más preciada facultad y virtud del ambicioso, que sólo necesita de una mente fresca y de su escrupulosa facultad de logicalizar, en donde el alma, el corazón latiendo en la izquierda y la sangre fluyendo roja, no son más que meros atributos secundarios y sin importancia para el capitalista de clase. Por ello... no habrá sido tan difícil el suicidio de aquellos empresarios, funcionarios y accionistas que fueron devorados economicamente por la Gran Depresión de aquellas tristes décadas.
     Somos humanos, sólo eso, así nos han etiquetado los antiguos científicos, «Hombre sabio» del latín «Homo sapiens», no supónese que debería ser tan complicado romper con la ironía y comportarnos en verdad como verdaderos Hombres sabios. Nacimos en este hermosa bola de tierra y agua, hermosos paisajes han sido y son pintados por la madre natura al alcance de nuestra percepción y contemplación, nuestros grandes pintores que la humanidad ha dado a luz los han recreado en sus tan variadas formas, que no tiene sentido limitarnos a grandes parcelas delimitadas por fronteras y soberanías —meros inventos del hombre ambicioso— y sólo hablar en términos regionales, porque Borges perteneció a la humanidad, a la Tierra (como háse decidido llamar a este bonito planeta), no limitóse a ser sólo un argentino, y aunque lo hubiera hecho, quiera o no nació en este mundo, y por eso su legado nos pertenece a todos, así como el Bardo de Avon no es sólo de Isabel I ni de Inglaterra, o el genio endemoniado de Paganini no le pertenece sólo a Italia, porque el arte de la humanidad le pertenece a la Tierra y por sobre todo, al Universo.
     "Patria" es una palabra engañosa y vaga que desciende de los padres de la tierra, aquellos infames que blasfemaban la real naturaleza al proclamar que sus tierras eran supuestamente suyas por donaciones de los dioses (semejante acto de picardía para aquellos tiempos), y así, por consiguiente, nacieron las herencias, el poder y la propiedad privada, que hoy día tanto molestan por enmendar las más insensibles injusticias. En hogaño suelen utilizar la mencionada palabra como sinónimo de "pedazo de tierra", puesto que apenas se refieren a países, o entendiendo lo mismo al razonar pobremente su nacimiento, pero los mas osados se atreven a ir más allá y razonar con más profundidad en donde han nacido, concluyendo que aunque se nazca en un punto determinado, no se nace en un pedacito de tierra ni en un diminuto rincón, puesto que todos nosotros nacimos y nacemos en este astro (¿pues qué es este planeta sino más que un punto en este universo magno?), el llamado a veces Planeta Azul, el mismo al que se refería Yuri al decir estas bellas palabras mientras lo orbitaba sobre el Vostok 1: «Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos». No fué para nada un mal legado como para ser el primer ser humano que ha visitado el espacio exterior. Así, realmente podemos afirmar que todos nosotros no sólo pertenecemos a la Tierra sino al Universo, pues nacemos en él.
     No obstante, el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, haciendo caso omiso a los dichos de su colega atemporal («Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens»), e influido por la euforia de la guerra, criticó la misma con el ensayo del poeta Horacio «Dulce et decorum est pro patria mori», en el que considérase honorable morir por la patria, y que el escritor alemán consideraba como «propaganda dirigida» en la que sólo los «tontos» caen. Claro que fue sansionado por ello, pues claro también que era demasiado inteligente para ser comprendido por los idiotas.
     Finalizando este escrito, ya díjose que el conocimiento del mundo astral lo obtiene quien puede meditar sobre la Luna, pues no es tarea de seres sobrenaturales ni fantasmas paranormales, tampoco es extrictamente necesario realizar proyecciones astrales para darse cuenta de lo hermoso que es el universo y de que pertenecemos a él, sólo es cuestión de poseer algo de amor en el corazón heredado por aquellos míticos sabios y grandes magos que con el arte han sabido engendrar la magia, iluminarnos el interior y perlar de mágico brillo nuestra sangre carmesí; pero por sobre todas las condiciones, sólo necesitamos ser humanos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

I



     Los desconocidos y los que no me conocéis, los conocidos y los que me conocéis en las estrellas, los ocultos, las sombras y los poetas, veréis en mí lo que vosotros queráis ver, y tal vez algo más... Pero tal vez nada de ello importe. Así me presento. Mi nombre es Davitzer von Klausewitz, y ésto tengo para deciros.

         ¿Existe el amor real?
         Dichoso seamos y sea quien la obviedad responda.
         En este sueño, infierno paradisíaco
         ¿Quién no hale sacado una sonrisa al amor? y cuando se alejaba
         ¿Quién valiente habrále gritado con clamor? y cuando se acercaba
         ¿Quién valiente habráse atrevido de la mano tomarle?

         Afortunado quien por los dioses ha sido guiado.
         Afortunado quien ha clamado y clamado ¡y por fin ha sido escuchado!
         Afortunado quien pueda decir, bajo la noche muerta de la angustiosa luna:
         Tengo las estrellas en mi mano, y
         Soy sólo un hombre, sólo una persona, sólo un ser humano.
         Simplemente soy... sólo un ser amado.

     Centenares de emociones, millares de sentimientos, miles de sensaciones y mucho más... es lo que puedes encontrar detrás de cada par de ojos que a este mundo ha sido traído sin su conciente consentimiento sentimentalista. Y sí, tal vez la conciencia se borra en vida, pero de un modo u otro ¿Qué importa? Si ya estamos aquí. El pasado entierra la injusticia, el pasado entierra el egoísmo, pero lo que no entierra es nuestro presente, ni mucho menos: nuestro futuro.
     No elegimos a la naturaleza, así como los dioses no eligen a la realeza, no elegimos cómo y en dónde nacer, pero sin embargo aquí estamos. Tímidos orgullos asómanse desde la montaña, y nos obsérvan desde la noche, mientras dormimos y creemos soñar nos contemplan noche a noche. Y aún aquí estamos... soñando despiertos mientras creemos existir, viviendo, entre la vida y la muerte con un fiel corazón día a día latiendo.
     Claro es que nuestras épocas no nos eligen, ni nosotros a ellas elegimos, pero aún así, mal nos pese, aquí estamos... nuevamente. Somos quien somos, es por eso que podemos todos juntos cambiar a gusto aquello que en muerte no elegimos: la belleza vulgar de un pobre paraíso ya deteriorado. ¿Qué nos falta? Poseemos una conciencia, una mente y un corazón, y todos somos vulnerables al gran y verdadero amor.

     Y cuando el sol caiga y álcese la luna, el Gran Día llorará como jamás lo ha hecho... y es triste que yo ya para aquel entonces estaré muerto. Aún así no me impido soñar, y me imagino aquel bello día gris caminando bajo la más hermosa lluvia por los campos de Tambach-Dietharz, pequeño y hermoso pueblo laureado en paz y tranquilidad. Me imagino luego de un extenso recorrido metafísico, sentado entre las columnas del castillo de Friedenstein escribiendo mis últimas líneas en una hoja salpicada en lágrimas divinas bajo el ojo del distrito de Gotha, y mientras el lejano bosque, los pinos y los abetos ya me extrañan, encuéntrome partiendo hacia mi destino, efímero, oscuro e incierto... pronto sabré que tan grande es el universo dentro de una lágrima; y en viento, viajo y viajo y he viajado, y en mi final aquí me detengo. Venturosos ojos aquellos que contemplen un fatigado amanecer renacer por sobre las ruinas del Mühlberg. Luego de una exalta lluvia allí yazgo, entre las ruinas de la angustia, entre cristalizadas tristezas, esperando perecer como último movimiento de sinfonía..., sentado en uno de los escombros del castillo... evaporándome como secreto de último día, cual susurro de instinto de conciencia se pierde entre esencia y reminiscencia; sepan que no pido nada más que el olvido, más no merezco el mismo destino que Claudius Aurelius Marcus Gothicus el divino, sino que es la humanidad en su esencia más pura que junto al mundo le deseo lo que no pido, como su más fiel y justo destino.